| Boletín IFP | Derechos Humanos | |
Julio 2005 |
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| Derechos Humanos en la selva de Perú | ||
| Por Hermes Monte | ||
| En el tema de Derechos Humanos soy un profano, es decir que no tengo formación académica al respecto y quien quiera decir que no se nada acerca de lo que escribo, tiene razón; sin embargo voy a escribir, y es que a falta de formación académica voy a apelar al sentido común, que es propiedad de todos, y al sustento circunstancial que me brinda el haber observado personalmente los hechos que voy a contar, que dejaron profunda impresión en mí y me han llevado a reflexionar que si nadie escribe al respecto, yo puedo o debo hacerlo. Cuando se habla de atropello a los Derechos Humanos, de impunidad; acostumbramos pensar que esas degeneraciones del poder; son de propiedad exclusiva de los poderosos; sin embargo he podido constatar que actores sociales que se consideran oprimidos, pueden sin dificultad ejercer opresión sobre otras personas o sobre su propio pueblo si es que tienen la oportunidad. La historia nos demuestra que el rol de opresor y oprimido puede tocar en suerte al mismo pueblo o sector de acuerdo a las circunstancias. ¿De que depende?, pienso que del equilibrio del poder, basta que la balanza del poder se incline de un lado para que el ente que se encuentra en ese sector se convierta en opresor, recordemos si no “La dictadura del proletariado”. Quiero abordar un tema concreto, con nombres propios; las violaciones a los derechos humanos primordiales que se cometen en la amazonía a manos de los pueblos indígenas. Habrá quien diga que los indígenas no son los únicos que violentan estos derechos, y tiene razón; pero acerca de los abusos del otro lado de la balanza se escribe a diario, hay organizaciones especializadas y recursos financieros destinados a tal fin; pero acerca de lo que yo escribo no hay abundancia. En su momento dedicaré un artículo al tema desde esa perspectiva, si no basta el trabajo diario que realizo para el desarrollo económico de los pueblos indígenas de nuestra Selva. Como antes mencioné, hay instituciones, con recursos y una política determinada, que se dedican a la protección de la vulnerable situación de los pueblos indígenas amazónicos; y hacen bien, en una sociedad tan estereotipada como la nuestra, fuera de su territorio, el indígena es visto como un bárbaro inculto, un ciudadano de última categoría, casi un subhumano ¿Triste no?, pero es verdad. La ayuda, aunque insuficiente, abarca sectores de servicios sociales, asistencia económica (Que muchas veces degenera en asistencialismo), etc.; pero lo que no abarca es capacitación en el tema de Derechos Humanos ni en las Leyes nacionales, con algunas excepciones de reciente data, por ejemplo el trabajo que realizó CARE Perú Programa Frontera Selva hasta hace un año en la provincia de Condorcanqui del departamento de Amazonas. La ausencia de un programa sostenible al respecto ha determinado que en territorio selvático se cometa barbarie como la que voy a contar; lo que aunado a un estado débil para fomentar, fortalecer y corregir, permite que esos actos queden en su mayoría impunes. Para apoyar mis conclusiones voy a contar solo tres ejemplos; por que aunque son muy abundantes, solo esos me constan: El caso Monalisa Se formaliza la denuncia y la policía detiene a la mujer, cuando esta se encuentra en los calabozos de la policía, una turba de alrededor de 3000 comuneros asalta el cuartel y se lleva a rastras a la mujer. Estuvo retenida tres meses en dos comunidades y según su versión fue sometida a todo tipo de vejaciones; por ejemplo contó que en las noches la llevaban a la quebrada y después de castigarla la violaban varias veces. No pocas veces estuvo cerca de la muerte; pero las múltiples gestiones de autoridades judiciales y eclesiásticas presionaron lo suficiente para que se le respetara la vida y al final fue liberada. Fue trasladada a una lejana comisaría, donde expertos en criminalística determinaron que no se le podía acusar de nada y fue dejada en libertad. Ella denunció los abusos, se inició un proceso a los comuneros, se les citó a brindar manifestaciones; ellos confiados en el poder que brinda la multitud decidieron no acudir y se están allí tranquilos. Aquí no pasó nada ¿Y los gritos en la oscuridad?; la opresión es opresión y como tal es condenable, la ejerza quien la ejerza. Eso no es todo, algo que no se llegó a descubrir debió ocurrir en este asunto, un joven que informó a los comuneros que él había visto a la niña metida en la mochila de un “gringo” en un hotel de una localidad cercana; al verse descubierto el “gringo” le habría amenazado de muerte si no se callaba; ¿Cuál fue la reacción de los comuneros?, detuvieron al joven como cómplice, y le retuvieron junto a la mujer. Según su propia versión a él no le maltrataron; pero muchas veces quisieron matarle. Un comunero me contó que una noche les llevaron a la quebrada para matarlos y la intervención del comunero en mención los salvó, por que él no estaba de acuerdo. Ha pasado tiempo, aquí el asunto se cuenta como una anécdota más de la vida en esta violenta tierra que últimamente se ha vuelto…simplemente insegura. Se comenta de todo: Que a la niña le mató el padrastro, que ya la encontraron, que se la comió el “gringo”. La verdad no me he atrevido a averiguar más, sería muy peligroso para mí. El caso Roger Un día la chalupa de Roger estaba siendo arrastrada por el río, suelta; él no estaba allí ¿Dónde estaba?, van a averiguarlo el muchacho que controlaba la asistencia del personal y otro, no está por ninguna parte, van a su habitación y la encuentran cerrada por dentro, presintiendo una desgracia violentan la puerta y le encuentran a medio vestir y agonizando ¡Triste fin para alguien tan bueno! Le trasladan al centro de salud, donde intentan salvarle la vida, no lo logran y en medio de una abundante hemorragia nasal, Roger muere. Según el médico, una pulmonía fulminante le reventó los pulmones. Había estado bebiendo la noche anterior y continúo bebiendo en la tarde de ese día y eso quizá aunado a un shock de intercambio de temperaturas desencadenó el cuadro fatal. Así le vi en la mañana en que le trajeron al auditorio para velarle; me pidieron que colocara hielo alrededor de su cuerpo para conservarle; recuerdo que mientras me ocupaba de esto, un rumor como de avispas iba en aumento. El rumor hizo crisis cuando el médico dijo que había que practicarle la necropsia de ley; la familia se opuso, ellos ya tenían su propia hipótesis: A Roger le mataron para quitarle el trabajo, le habría matado su compañero Shakamajo, y en presencia de todos le amenazaron de muerte “y si no te encontramos, vamos a matar a cualquiera de tu familia, así es nuestra costumbre”. Pasó el tiempo y una noche cualquiera, el hijo de Shakamajo cae herido de un disparo de pistola que le hicieran dos hombres que le esperaban en la oscuridad. No quiero decir que le dispararon los familiares de Roger ¿Pero coincide con la amenaza no? La pistola era de poco calibre o le dispararon de muy lejos, el asunto es que sobrevivió, pero nadie le garantiza que tenga tanta suerte en la próxima vez. El caso canal Bueno el canal tenía autorización del distrito correspondiente, así que quise encontrar una solución y fui a inspeccionar el daño, la verdad es que el lugar no era apropiado para la instalación de una piscigranja y se lo hice saber; pero como él había tenido una allí, conversé con los beneficiarios del canal para que le ayudaran a construir otra en un lugar más apropiado, a lo que accedieron. El awajun se negó, quería que le construyeran un muro de concreto armado de 0.15 m de espesor, 1.5 m de alto y 7 m de largo; lo cual estaba fuera de las posibilidades de los beneficiarios dada su pobreza. En esa discusión el awajun se exasperó “Menelo (Uno de los beneficiarios se llama Menelo), a ti te vamos a botar de aquí por mala persona, y si cualquiera de mi familia se enferma, tú eres culpable y te vamos a matar”. Saqué fuerzas de la flaqueza y le hablé fuerte al hombre, le hice ver que no podía amenazar así por así a un ciudadano. ¿Qué pasará si alguien de la familia del awajun se enferma? Lo cierto es que el canal sigue interrumpido, nadie se atreve a hacer valer la ley en estos territorios, le temen a la multitud; en resumidas cuentas que si a las comunidades se les antoja matar a una persona no les pasará nada; esa es la percepción que existe. No quiero mencionar el caso de El Cenepa, donde fueron asesinados los brigadistas de Salud; por que no me quiero subir al burro de los xenófobos que han hecho picadillo de la dignidad el pueblo Aguaruna a consecuencia de esto, ni alardear del recurso “Pero yo lo dije”. Este artículo lo empecé a escribir antes de ese caso y quiero respetar la originalidad de la idea. Lo que si quiero decir es que tenemos mucho miedo. Antes no era así, el comunero indígena era más fraterno, pero últimamente a consecuencia tal vez de que sus desmanes no son corregidos, se ha vuelto exigente y arbitrario; lo digo por experiencia propia, me cuesta mucho negarles algo en el trabajo que ejecuto, ellos piden sin importar si se puede o no servirles, exigen igual y quiere mucho acopio de valor para hacer valer la razón cuando te reclaman muchas personas con lanzas en las manos. Opino que los programas de apoyo a las comunidades incluyan la concientización de que ellos también son parte de un estado con un sistema jurídico propio y que los Derechos Humanos son de validez universal y que la trasgresión de ellos es motivo de condena moral y legal. Aún con el enfoque antropológico de la pluralidad jurídica, los derechos humanos primordiales deben ser respetados, así lo dice el Convenio 169 de la OIT, que los pueblos tienen derecho a regirse por sus propias costumbres y usos, siempre que estos no violenten los derechos humanos y el orden jurídico interno. La labor del estado debe abarcar la totalidad de aspectos del desarrollo de estos pueblos, empezando por la educación, en esta zona aún hay escuelas donde sólo existe un profesor; ¿por qué? ¿Por qué una escuela de Lima tiene 10 profesores y las de aquí uno solo?; acerca de la importancia de la educación me hizo reflexionar una pregunta que me hizo un profesor awajun amigo mío “¿Por qué los gringos se comerán a los peruanos?”; si él siendo profesor piensa que los turistas se alimentan de peruanos ¿Qué pensará un comunero sin instrucción? Debo mencionar que una de las razones que determinan que exista tantos asesinatos en esta zona, es la creencia en la brujería; si un comunero awajun se enferma o muere, de inmediato se piensa que alguien “le hizo daño”, se busca al “brujo” y se le mata. Lo curioso es que muchos de los “videntes” a los que consultan los comuneros para conocer la filiación del “brujo” son esos vividores inmigrantes que se autodenominan “espiritistas”. Estos señores que cobran sumas exorbitantes para la economía de estas gentes, acusan sin temor a alguien, sin medir las consecuencias de su información. Da la casualidad que ahora 03 de junio del 2005, que escribo estas líneas; en una comunidad donde ejecuto un trabajo de desarrollo comunal, habrá una reunión este fin de semana para discutir que se hace con un “brujo que ha enfermado a dos muchachas”, “Creo que no lo vamos a matar sino que lo vamos a botar” así me ha dicho el Apu; cuando le pregunto “¿Cómo sabes que él es el culpable?”, me dice “Así lo ha visto la señora L…”, le pregunto “¿Cuánto les ha cobrado?”, me dice “600 Soles (unos U$ 200)”. También opino que el estado debe hacer valer la ley, los delitos deben castigarse los cometa quien los cometa; nosotros pensamos que el estado nos garantiza un clima de seguridad para nuestro trabajo y en tal confianza actuamos; pero cuando vemos que nos pueden matar y no pasa nada esa confianza se debilita, si el estado no nos protege ¿Qué debemos hacer? ¿Huir o comprarnos una pistola? ¿Vamos a esperar que estalle una crisis étnica para preocuparnos?; aún estamos a tiempo. Tal vez no habría escrito estas cosas; pero murió Juan Pablo II, un papa que le dijo a todo el mundo lo que tenía que decirle y me inspiró su ejemplo. |
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Año 3, Número 12 |
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