Leer y no comprender
La capacidad de comprender nos acompaña durante toda nuestra
existencia y representa una de las expresiones más significativas
del conocimiento humano. Gracias a ella disfrutamos de las bondades
de la ciencia y la tecnología, los goces del arte y todas las
humanidades, hasta nuestro entorno histórico eco sociocultural
variado que nos toca significar. Sin embargo, no siempre adquirimos
las suficientes habilidades y destrezas de comprensión lectora,
debido a que los sistemas educacionales no nos aseguraron las mismas,
o no tuvimos las suficientes motivaciones personales y sociales para
asumir con éxito el reto. Así lo reflejan las pruebas
aplicadas en nuestros sistemas escolares en los países denominados
en desarrollo y lo que se encuentran en vías del mismo, sobre
todo aquellos países que reflejan ciertas deficiencias en asegurar
una educación de calidad en los primeros años de escolaridad.
No comprender lo que se lee es una experiencia frustrante, es como caminar
en plena oscuridad sobre todo en la experiencia escolar. Leer y no comprender
es tal vez una de las causas del fracaso escolar que ha causado un impacto
negativo de proporciones mayores en las reformas que experimentan sobre
todo los sistemas educativos latinoamericanos. Una mayoría de
estudiantes de todos los niveles y modalidades comprueban que la lectura
no es una actividad que produzca felicidad, al contrario termina por
convertirse en un acompañante tedioso, incómodo y hermético
por lo que generalmente se abandona la lectura de textos que son fundamentales
en el proceso de formación y capacitación humana.
Existen algunas explicaciones generalizadas del fenómeno de la
no comprensión por parte de los docentes como bien lo señala
Emilio Sánchez (1993:22) y son las siguientes:
a)
¡Pero si es que no leen con fluidez¡
b) ¡pero si es que no tienen
buen vocabulario¡
c) ¡Es que carecen de buena
memoria!
La primera explicación de los docentes es que
los educandos no comprenden lo que leen porque su lectura no es fluida.
Sin embargo, existen investigaciones como la de Hindley y Levy que demuestran
que la fluidez no es suficiente para comprender un texto, ya que se
necesitan habilidades para la organización global de un texto.
No se trata solo de identificar el significado de las palabras de un
discurso o texto sino también de organizar globalmente el mismo.
Como bien lo anota Sánchez (1993: 23) esta constatación
presupone que en la lectura confluyen dos tipos de procesos o actividades
cognitivas: unos que nos permiten reconocer e identificar las palabras
escritas y otros que intervienen en la interpretación del texto.
La segunda explicación remite a la relación de la comprensión
con el vocabulario, es decir con el lexicón mental que traen
los educandos. El sentido común nos hace decir que los educandos
que se enfrenten a palabras o términos desconocidos harán
que la comprensión sea inalcanzable. No obstante, en esta parte
conviene subrayar que los educandos con el mismo nivel de vocabulario
tendrán diferentes niveles de comprensión, incluso existen
evidencias de educandos que no comprenden en situaciones donde el vocabulario
del texto les es familiar. Ahora bien, hay que prestarle mucha atención
que una parte del lexicón mental o vocabulario del estudiante
“procede de la lectura y ha sido creado infiriendo el significado
de las expresiones nuevas a partir del contexto; pero para ello es necesario
que ese contexto haya sido entendido y el lector muestre cierto empeño
en conseguir un nivel mínimo de comprensión. Desde ese
punto de vista, las relaciones que hay entre la comprensión y
el vocabulario son complejas: sin vocabulario, como decíamos
antes, no hay comprensión, pero a la vez la lectura es la fuente
primordial del vocabulario, y para ello es necesario que sea comprensiva”
(Sánchez: 1993:23). Además en esta parte es importante
tomar en consideración que muchas veces se confunde la pobreza
de vocabulario con la pobreza de conocimientos o los denominados aprendizajes
previos relacionados con el texto, al respecto existen muchas evidencias
empíricas que confirman lo expresado.
En cuanto a la relación de la comprensión con la memoria,
existe la creencia que la comprensión significa memorizar, por
lo que aun existen docentes que piensan que la comprensión es
producto de la memorización. Al respecto Van Dijk y Kintsch (1983)
demostraron que la memoria tiene límites y que no es posible
almacenar toda la información de lo que se lee en la memoria.
Una de las primeras aproximaciones a explicar este aspecto nos señalan
que los educandos de pobre comprensión lo son en un ámbito
específico de la memoria: la memoria de corto plazo y/o memoria
de trabajo, que es la que nos permite retener lo que leemos por algunos
segundos. Esta capacidad de memoria es muy importante en la lectura
y sobre todo en la comprensión. Esta memoria como habíamos
expresado tiene una capacidad limitada, solo puede retener a la vez
pocas cosas y durante poco tiempo.
En suma, como se puede apreciar en estas creencias y evidencias, el
problema de la comprensión lectora es una cuestión de
estrategias que determinan los procesos y productos de la lectura. Sánchez
(1993:27) al respecto se plantea algunas interrogantes: ¿carecen
quizás de los mapas conceptos? Si así fuera, su problema
sería un problema de conocimientos. ¿O quizás el
problema es que no saben guiarse por ellos? Sería entonces un
déficit estratégico: no saben usar lo que tienen. ¿Y
si fuera el caso de que teniendo los conceptos e incluso la capacidad
virtual para emplearlos no se les ocurriera hacerlo? Estaríamos
ante un déficit en la planificación o autorregulación
de la acción. Y finalmente el caso de que agotan todos los recursos
en reconocer las palabras y no pueden operar con otra información.
La comprensión humana
Gómez (1997: 95) nos dice que la comprensión humana es
un acto personal e interior de reconocimiento y asignación de
sentidos, que parte de los siguientes supuestos:
a)
existen entidades conocibles
b) el hombre posee capacidad para
conocerlas, y
c) tal capacidad se puede desarrollar.
Todos los días recibimos estímulos de
todo tipo, siendo los mismos procesados por nuestro aparato sensorial,
si pudiéramos contar con otro, percibiríamos el mundo
de otra manera. Lo que percibimos es el resultado de nuestro aparato
sensorial y del mundo exterior; es decir, es producto de la relación
del sujeto que conoce y del objeto por conocer. Dadas las funciones
del cerebro, desde que nacemos todo lo percibido deja huella, es decir,
es comprendido en mayor o menor medida. Es decir, construimos significados
sobre la realidad y almacenándola para poder recuperarlos en
cogniciones posteriores, esto hace que nuestra comprensión a
lo largo de toda la vida sea el compromiso entre la expectación
que es producto de nuestro sistema conceptual y de nuestra historia
individual y social y los estímulos del entorno.
La naturaleza comprensiva del hombre para reconocer o asignar sentidos
responde a una de sus facultades sustanciales de ser y lo acompaña
durante toda su existencia y representa una de las manifestaciones más
altas e importantes del conocimiento humano.
Comprender viene del latín comprenhendere
que significa entender, penetrar, concebir, discernir, descifrar; como
proceso intelectual, la comprensión supone captar los significados
que otros han transmitido mediante sonidos, imágenes, colores
y movimientos. En los procesos de interacción que vivimos las
personas, tratamos de comprender el mensaje de una flor que nos regalan,
o el símbolo de una institución, los íconos que
están presentes en nuestra cotidianeidad, de una mirada o de
una palabra susurrada en el oído y de igual forma expresamos
nuestros sentimientos buscando que nos comprendan.
Para David Perkins (1999:70) “la comprensión es la habilidad
de pensar y actuar con flexibilidad a partir de lo que uno sabe. Para
decirlo de otra manera, la comprensión de un tópico es
la “capacidad de desempeño flexible” con énfasis
en la flexibilidad”.
Martha Stone (1999:95) entiende la comprensión como la capacidad
de usar el conocimiento de maneras novedosas.
Gómez (1997:96) nos señala que “su
aptitud para ejecutar actos comprensivos hace del hombre un ser excepcional,
fronterizo entre lo interno y lo externo, entre lo perceptible y lo
inteligible de la realidad, entre lo concreto y lo abstracto, entre
lo transitorio y lo mas o menos permanente. La mente conciencia del
hombre sondea constantemente la realidad circundante, auscultando en
ella sus rasgos constitutivos, sus nudos centralizadores, sus complejos
relacionales, sus matrices genético culturales…En tal empresa,
describe, explica predice; busca coherencias parciales y globales; propone
esquemas, modelos o teorías que permitan dar cuenta de ella y
la hagan comprensible. La comprensión en cuanto acto cognoscitivo
aprehensivo, es interpretación y acogimiento consciente de algo;
en cuanto resultado del acto de aprehender lo percibido es, re-creación
humana fundada en la naturaleza de aquello que se conoce y es asumida
por el sujeto según sus peculiaridades cognoscitivas; es creación
gestada en el encuentro entre la realidad conocible –objeto de
aprecio y conocimiento- y el hombre capacitado para re-conocerla. Es
un enfrentamiento entre la mente-corazón del hombre y lo extramental
entre el espíritu de cada hombre y la realidad transhumana”.
Las capacidades humanas: la capacidad
de leer y comprender
La comprensión de las capacidades humanas en términos
de los mecanismos mentales que subyacen a la conducta inteligente, merecen
una variedad de interpretaciones que parten de las reflexiones sobre
la inteligencia, las mismas que son concebidas como “la capacidad
de dar respuestas que son ciertas u objetivas” (Thorndike), “la
capacidad para desarrollar el pensamiento abstracto” (Terman)
“la capacidad de aprender a adaptarse al medio” (Colvin),
“la capacidad de adaptarse a situaciones reales relativamente
nuevas” (Pintner), “la capacidad de adquirir conocimientos,
y los conocimientos que se poseen (Henmon), “un mecanismo biológico
por el que los efectos de una complejidad de estímulos son presentados
al unísono, dando lugar a algún tipo de efecto unificado
en la conducta” (Peterson), “La capacidad de inhibir un
ajuste instintivo modificado en la conducta pública para la afirmación
del individuo como animal social (Thurstone), “la capacidad de
adquirir capacidades” (Woodrow), “la capacidad de aprender
o sacar provecho de la experiencia” (Dearborn).
Sin duda estas definiciones constituyen solo una aproximación
al discernimiento de las capacidades humanas y no dejan de ser generales
y se entienden como explicaciones del estado actual de las mismas. Sin
embargo, las teorías cognitivas, o del procesamiento de la información(1),
y de la inteligencia tratan de concebir la capacidad humana como los
procesos mentales que contribuyen a la resolución de tareas cognitivas,
es decir, analizar cómo intentan resolver las personas las tareas
de dificultad mental, en otras palabras los procesos, estrategias y
representaciones mentales que las personas utilizan en la ejecución
de las tareas.
En ese marco, la capacidad de comprender lo que se lee, o mas propiamente
la capacidad de la comprensión lectora se entiende como una tarea
cognitiva compleja, en la que tanto la información que se proporciona
en el texto como la que aporta el propio lector a partir de su bagaje
cultural previo se complementan hasta alcanzar la interpretación
final del texto. Para ello, es preciso que el lector sea capaz de regular
metacognitivamente la actuación coordinada de procesos cognitivos
de naturaleza diversa como la perceptiva, léxica, sintáctica,
semántico – pragmática. (Vieiro: 2004:10). En el
análisis de la lectura el objeto es relacionar los mecanismos
de entrada, reconocimiento y selección de información
textual; y, la tarea de la lectura se subdivide en varios procesos y
con una función específica con las siguientes características:
es dinámico y activo, porque
durante la lectura el sujeto se manifiesta como un lector estratégico
que tiene como objetivo final comprender el texto, en paralelo
porque la comprensión no se produce al final sino al mismo tiempo
que se esta efectuando el procesamiento, prioridad
por la búsqueda del significado porque el lector interpreta
cada palabra del texto tan pronto como es reconocida, relacionando la
información “nueva” con la “dada”, previa
en el texto o en los conocimientos previos del lector; la actuación
de la memoria operativa en la coordinación
de todos los procesos implicados en la lectura como el reconocimiento
de los rasgos, acceso léxico, procesador sintáctico, procesador
semántico, discursivo, etc.
Procesos cognitivos de la comprensión
lectora
Los procesos cognitivos de la comprensión, tal como lo anota
Vieiro & Gómez (2004:25) son las siguientes:
::. El estado inicial
de la lectura lo constituye el patrón gráfico del texto,
es decir, los grafemas agrupados en conjuntos discretos que forman las
palabras escritas.
::. Procesos periféricos de carácter
perceptivo que permiten formar una representación abstracta de
los signos gráficos que componen las palabras.
::. Procesos intermedios de carácter lingüístico
que, a partir de la representación abstracta de los signos gráficos,
permiten reconocer las unidades léxicas que integran un enunciado
al efectuar en análisis de su estructura sintáctica, lo
que lleva a asignar a cada constituyente gramatical un papel sintáctico
y efectuar una interpretación del significado de dicho enunciado.
::. Procesos centrales de naturaleza semántico
– pragmática, que integran la información contenida
en cada enunciado a fin de formar una representación global del
significado del texto.
::. Como resultado de la actuación coordinada
de los procesos anteriores, el estado final de la comprensión
lo constituye la representación o modelo mental de la situación
a la que el texto evoca.
Como habíamos señalado
un aspecto central en la comprensión lectora es el reconocimiento
de la palabra escrita o acceso léxico, con el mismo el lector
relaciona las representaciones visuales con las representaciones léxicas
conocidas y almacenadas en su memoria de largo plazo que comúnmente
se llama “lexicón mental” donde se tiene disponibles
las representaciones ortográficas, fonológica, semántica
de la palabra. Luego corresponde el procesamiento sintáctico
de la oración, es decir las relaciones funcionales entre las
unidades léxicas y asignar una estructura gramatical a la secuencia
de palabras en la oración. Y para que estas ideas sean comprendidas
por el lector se deben reconstruir adecuadamente las relaciones estructurales
entre los constituyentes de cada oración aplicando, para ello,
sus propios conocimientos de la gramática en uso. Enseguida viene
la interpretación semántica de la oración para
construir una representación proposicional del enunciado.
Para construir dicha representación proposicional, es
necesario, aportar información que esta implícita en el
texto y que, a pesar de que el escritor no la ha mencionado, pasará
a formar parte de la representación si el lector la incorpora
durante la comprensión. La comprensión de un texto a nivel
oracional como dijimos antes no termina
con la comprensión de las oraciones, sino que, más allá
de una secuencia de ideas organizadas linealmente, es necesario descubrir
las ideas que se tejen entre en el texto y observar una esencia semántica
de la lectura. La interpretación del texto no se da en las yuxtaposiciones
lineales de todas ella sino en una conexión global gracias ha
dos mecanismos que apunta Kintsch (1998):
::. La extracción
del significado literal, que permite formar un todo coherente en el
que cada idea dada en el texto debe ser relacionada, local y globalmente,
con el resto de ideas presentes en el texto.
::. La integración del significado extraído
en los conocimientos previos en la memoria, para lo cual es preciso
establecer el vínculo entre la información “dada”,
ya conocida por el lector, y la información “nueva”,
aportada por el texto. El resultado es la construcción de un
modelo mental que representa la interpretación semántica
del texto. Por lo tanto, leer es comprender y los procesos comprensivos
son en realidad procesos de atribución de significados al texto,
son procesos que involucran activamente al lector en la medida que el
resultado de la comprensión será fruto no sólo
de la información codificada en la página, sino también
de los conocimientos que sobre el tema tenga y utilice durante la lectura.
Existen dos razones que justifican que el lector participe activamente
de su comprensión buscando el significado del texto en interacción
con su conocimiento. (Vieiro & Gomez: 2004:59-60)
::. Los conocimientos previos ayudan a establecer nexos
entre las ideas explícitas en el texto, incorporando, mediante
procesos inferenciales, puentes de información implícita
que permiten establecer la coherencia del discurso.
::. Los conocimientos previos facilitan la construcción
y el recuerdo de la esencia del texto. Es decir, permiten relacionar
la información nueva con los esquemas cognitivos almacenados
en la memoria a largo plazo y, de este modo, recordar las ideas principales
de lo que se ha leído. Cuando el conocimiento previo adecuado
no está activo o disponible, se recuerda muy poco de lo que se
ha leído.
La inferencia es un concepto que representa uno de los
ejes centrales en las teorías vigentes sobre la comprensión
del discurso, la misma que podría decirse “leer entre líneas”
, es decir ser conscientes de determinadas ideas, que explícitamente,
no aparecen expresadas en el mensaje pero que en algún momento
constituye parte de la interpretación del texto. Un rasgo relevante
de la misma es que es del origen implícito de la información
que aporta a la representación mental construida. Por lo tanto,
el significado no es algo que venga totalmente acabado en el propio
discurso, sino que ha de ser construido en el transcurso de la interacción
texto – lector, y es precisamente, en esta interacción
donde tienen pleno sentido los procesos inferenciales. Kintsch (1999)
van Dijk & Kintsch (1983) hablan de ciertos procesos inferenciales
cuando el lector aplica ciertos operadores de selección, construcción
y generalización de la información literal, así
pues las inferencias se hacen muy necesarias, por eso se afirma hoy
en día “comprender es inferir”.
Llegado a este punto es necesario recordar el concepto de metacognición
porque su rol en el proceso lector es vital. La metacognición
tiene dos componentes esenciales: el conocimiento de la propia cognición
(saber que) y la regulación (saber como) de los procesos de pensamiento
y conocimientos (memoria, percepción, atención, comprensión,
etc) Así se identifican dos formas grandes de metacognición:
la relativa al conocimiento declarativo y explícito sobre el
propio sistema cognitivo (conocimiento metacognitivo) y la referida
al control, dirección o regulación activa de sus procesos
(control metacognitivo). Tomando en consideración este aspecto,
diremos que el lector debe realizar eficazmente el esfuerzo cognitivo
que supone atribuir un significado al texto, para lo cual debe conocer
qué supone leer, qué va a leer y para qué va hacerlo,
así como disponer de suficientes conocimientos previos que le
permitan abordar la tarea con cierta garantía, éxito,
cuyo nivel de logro debe ir controlando a lo largo de todo el proceso.
Ahora bien, subrayamos la naturaleza interactiva de la lectura, lo que
supone que el proceso de comprensión tiene lugar en la interacción
y mutua influencia entre los diversos niveles de procesamiento. La interacción
es posible porque cada proceso no espera para empezar a actuar a que
el nivel de procesamiento anterior haya producido su resultado final,
todo lo contrario, actúan de manera paralela, y no secuencial,
guiados por el principio de inmediatez (Kintsch y van Dijk: 1978) Esto
significa que el lector utiliza simultáneamente información
procedente de los diferentes niveles de procesamiento, por ejemplo,
el análisis semántico no espera a que finalice el análisis
sintáctico de una frase para comenzar a actuar sino que, una
vez que han sido reconocidas determinadas palabras, trata de establecer
las relaciones semánticas dentro de la oración, lo que
se vera confirmado por el análisis sintáctico, esta actuación
consume tiempo y recursos cognitivos. Aunque como lo sostiene van Dijk
& Walter Kintsch (1983) que los procesos de mas bajo nivel tienden
a automatizarse en un lector competente y permiten dirigir la atención
a los procesos de más alto nivel; de ahí que, con la practica
la lectura se convierta en un proceso estratégico.
Decir que la lectura es un proceso estratégico, supone decir
que la comprensión es un proceso constructivo que consiste en
establecer relaciones significativas, una para interconectar local y
globalmente las ideas extraídas del texto, otras para integrar
esta información en el fondo de conocimientos de la persona que
comprende. Las estrategias que permitan establecer conexiones sustantivas
y no arbitrarias entre lo que ya se sabe y lo nuevo que ofrece el texto
vendría determinada, en gran medida, por su capacidad para identificar
y entender cómo se organiza las ideas textuales y, al mismo tiempo,
relacionarlas con otras ya almacenadas en su memoria. Es lo que le va
a permitir anticipar e identificar y entender la información
relevante en función del propósito con que atiende el
mensaje.
Las estrategias de comprensión lectora, nos hacen decir que los
lectores mas competentes se implican en una participación más
activa y elaborativa a través de estrategias organizativas, estructurales,
o de conocimiento entre otros; los lectores inmaduros utilizan otro
tipo de estrategias más ligadas a representaciones fragmentadas,
lineales, y reproductivas como es el listado de ideas textuales, o suprimir
o copiar literalmente información del texto, en suma, la diferencia
entre lectores más o menos expertos está en la manera
de utilizar estratégicamente conocimientos de tipo declarativo
y procedimental. El conocimiento declarativo no es suficiente porque
su aplicación en un contexto requiere cierto conocimiento de
cuándo, por qué y cómo utilizarlo adecuadamente,
es decir, la comprensión exige un control preciso y autorregulado
de los recursos cognitivos disponibles por parte del sujeto y su utilización
estratégica. Finalmente podemos decir que la buena comprensión
exige un alto grado de autonomía y de compromiso con la lectura,
por lo que se habla de un metaconocimiento que permite planificar, evaluar
y regular el curso y resultado de la comprensión.
Una vez llegados a este punto, es importante reflexionar sobre el resultado
de la comprensión, es decir, la representación del significado
en la memoria. Diremos para empezar que dicho resultado no es una actividad
meramente lingüística, sino que constituye una representación
mental coherente de nivel semántico y conceptual relativa a personas,
objetos, lugares, etc., pertenecientes a la situación evocada
a partir del contenido del texto. Por lo tanto, un lector ha comprendido
un texto si ha sido capaz de extraer el significado de los signos lingüísticos
y de integrarlo en su propio conocimiento. Sin duda que tiene un carácter
referencial, dinámico y constructivo.
El lector construye diferentes niveles de representación del
significado, cada vez más elaborados, que recogen la esencia
semántica del texto. El nivel de representación lingüística
superficial representa la forma del mensaje, que conserva las palabras
utilizadas explícitamente por el autor y las relaciones gramaticales
entre los constituyentes de la oración. El texto base es el nivel
conceptual que representa las relaciones semánticas y retóricas
entre las ideas textuales de acuerdo con diferentes niveles de abstracción.
::. La microestructura
constituye la representación de las relaciones locales o de “bajo
nivel” entre las proposiciones o ideas que se expresan en el texto.
::. La macroestructura
constituye la representación del conjunto de proposiciones que
resumen el tema o ideas generales del texto y que, ordenadas jerárquicamente
representan su organización global. Cada una de sus unidades,
o ideas principales se denomina macroproposición y se derivan
a partir de la microestructura aplicando las macrorreglas de supresión,
selección, construcción y generalización.
Finalmente, el modelo mental es el nivel que integra
la información del texto base con el conocimiento aportado por
el lector, a fin de interpretar el significado global y comprender el
texto en su profundidad. Sus características dinámicas,
referenciales y multidimensionales además de los procesos automáticos
y controlados aportan en su construcción final. El conocimiento
previo del lector proporciona gran parte del contenido que necesita
para interpretar, explicar, predecir y entender un texto, y uno de esos
hallazgos más persistentes también influye en lo que se
recuerda tras la lectura.
Los esquemas desempeñan un papel relevante tanto en los procesos
de codificación definiendo el significado y/o relaciones de ciertos
elementos textuales, como en los procesos posteriores de comprensión
y recuerdo, cumpliendo funciones de integración, elaboración,
selección y control de la información. El conocimiento
de la superestructura (narrativa, causal, secuencial, etc.) permite
identificar la organización y las relaciones entre las ideas
del texto y, a través de ella, reconocer bien la información
más importante que el autor quiere comunicar a través
del texto. Las inferencias constituyen procesos constructivos de la
comprensión en el sentido de que, a través de su actuación,
quien comprende activa ciertas estructuras de conocimiento almacenadas
en su Memoria de Largo Plazo (MLP) y parte del contenido de estas, sin
estar explícito en el mensaje, se codifica en la representación
mental del significado del texto. Unas inferencias son necesarias para
construir la coherencia del discurso y su representación y, otras,
elaboran la representación mental del texto.
Para concluir diremos que los modelos actuales de la comprensión
lectora conceden un papel destacado a los procesos de la memoria, considerándolos
responsables de buena parte de las limitaciones que se producen en la
interpretación del significado y origen de diferencias individuales.
La memoria posee capacidad limitada y se le atribuye una doble función:
almacenamiento y procesamiento de información. La naturaleza
interactiva de la comprensión puede verse limitada por la capacidad
funcional, estructural de la memoria operativa del lector.
Resumiendo lo expresado diremos que para construir la representación
mental del significado es preciso que, activamente, el lector utilice
su conocimiento previo en interacción con el texto, de modo que
integre con coherencia lo expresado por el escritor con lo que ya conoce
al respecto. Es necesario en esta parte conocimientos sobre la forma
de las palabras, el significado de las mismas, la formas literarias
de los textos, las reglas gramaticales, así como la experiencia
personal y social acerca de la realidad ecológica, social, cultural
e histórica del contexto donde vive. Toda esta experiencia sociocultural
se encuentra almacenada en la memoria de largo plazo del lector, donde,
al final lo conocido se integra junto con la información extraída
a partir de la lectura del texto en un modelo mental situacional. Esa
recuperación de información al que aludimos y las demás
operaciones cognitivas, requieren una adecuada orquestación y
control por parte del propio lector antes, durante y después
de la comprensión, de modo que aquél sea capaz de regular
metacognitivamente el proceso lector.
En todo momento el lector debe utilizar sus conocimientos
acerca de las exigencias de la tarea en función del objetivo
que guía su lectura, así como las estrategias a su disposición
para asegurar un desempeño eficaz en función del nivel
de comprensión que en cada momento logra. Esto significa planificar,
supervisar y evaluar el proceso de la comprensión lectora. En
este marco, el papel que desempeña la memoria operativa o también
llamado de trabajo es importante, pues proporciona los recursos cognitivos
necesarios para que tengan lugar los diferentes procesos anteriormente
señalados, al mismo tiempo que permite el almacenamiento e integración
de los resultados parciales e finales de los diferentes niveles de procesamiento
de la información, al tiempo que actúa de fuente de recursos
para las distintas operaciones y procesos. Esta doble función,
almacenamiento y procesamiento, es lo que actúa a los niveles
de procesamiento a fin de proporcionar coherencia a la representación
mental del texto.
Algunas estrategias de comprensión
lectora el aula
Las estrategias que plantea Miguel Sanchez (1998) ofrece un modelo de
comprensión que supone unos conocimientos para desentrañar
la información, y unas estrategias para usar los conocimientos
previos, realizar inferencias y autorregular la interpretación.
| Conocimientos sobre |
Niveles de procesamiento |
Resultado |
Significado de las palabras.
Forma ortográfica.
Forma de letras y sílabas.
Reglas que relacionan grafemas con fonemas.
|
Reconocer las palabras |
Se accede al significado lexical. |
Esquema proposicional
Conocimientos sobre la lengua.
Conocimientos sobre el mundo físico y social.
|
Construir proposiciones |
Se organiza el significado de las palabras en términos
de predicado y argumentos. |
Conocimientos sobre los textos (señales sobre
la progresión temática del texto).
Conocimientos sobre el mundo físico y social.
|
Integrar las proposiciones |
Se relacionan las proposiciones entre si. |
Conocimientos sobre los textos (señales sobre
la progresión temática del texto).
Conocimiento sobre el mundo físico y social.
|
Construir la macroestructura |
Se derivan del texto y de los conocimientos del lector
las ideas globales |
Conocimientos sobre los textos (señales de
superestructura).
Conocimiento sobre el mundo físico y social.
|
Interrelación global |
Las ideas globales se articulan en términos
causales, motivaciones, descriptivos, comparativos |
| Fuente: Sanchez, Miguel: “Comprensión
y redacción de textos” Barcelona, Edebe |
Cada uno de las dimensiones aquí explicitadas
y fases de comprensión – palabras, proposiciones, párrafos,
conectores, esquemas parciales- puede ser y debe ser objeto de una enseñanza
puntual que se deben combinar con la práctica de la lectura global,
de forma que las tareas de ejercitación no hagan perder la visión
de conjunto de la actividad lectora.
Cuando el lector y el texto se unen con absoluta congruencia y autenticidad,
la comprensión adquiere sentido y se construye significados que
nos ayudan a disfrutar de los goces de las artes, las humanidades, la
tecnología y la ciencia, y todos tenemos derecho a ese goce.
Notas Explicativas
(1) Este
enfoque se fundamenta en el símil hombre máquina; según
esta perspectiva, los hombres buscamos información activamente
y los objetivos planes que establecemos con el mundo los que hacemos
basándonos en la información que buscamos y encontramos.
Por tanto, la preocupación desde el procesamiento de la información
es el estudio de los procesos que ocurren en la mente, y que nos permiten
realizar las tareas fundamentales requeridas para procesar las entradas
e incorporarlas a un almacén de memoria permanente.
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