| Boletín IFP | Salud | |
Enero 2006 |
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| Violencia y adolescencia: un problema de salud pública | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Por José Manuel Jacinto Ubillus | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Actualmente contamos con la mayor generación de adolescencia en la historia mas de 130 millones de personas se están preparando para llegar a la adultez en un mundo caracterizado por cambios cada vez mas rápidos, su nivel educativo su estado de salud su capacidad para lograr ser productivos y la disponibilidad de empleos junto con el ejercicio de su ciudadanía, determinara su futuro el de sus familias y el de sus comunidades. Concebimos la adolescencia como una de las etapas del desarrollo humano caracterizadas por el intenso cambio físico, psicológico y social que se inicia en la pubertad, entre los 13 y 14 años y culmina aproximadamente a los 19 años con la obtención de las características físicas, biológicas y psicológicas de la juventud y la asunción de deberes y responsabilidades sociales y legales de esta etapa. Durante estos años cada persona, a partir de sus experiencias en la infancia y en el entorno social en que se desarrolla, empieza un proceso de individualización y socialización secundaria, marcado por la transformación de sus cuerpos, la obtención paulatina de su capacidad sexual y reproductiva; la construcción de una identidad es un imperativo para ellos(as). Por ello invierte su tiempo en la búsqueda intensa de figuras identificatorias fuera del marco del hogar y en elaborar nuevas explicaciones del sentido de sus vidas. Los adolescentes en el Perú llegan a 5’749,220 equivale al 20.9% de la población total. (INEI 2004). Más del 50% de esta población esta en condiciones de pobreza y aproximadamente el 155 de los hogares de extrema pobreza están dirigidos por adolescentes. A nivel nacional 1 de cada 5 mujeres embarazadas es adolescente, la mitad de los casos de VIH ocurre entre los adolescentes (ENDES 2000), y el 29% de esta población ha pensado en suicidarse. Es una población muy vulnerable y que esta expuesta a violencia por diversas fuentes como:
Según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación(1), la cifra mas probable de victimas fatales del conflicto armado que vivió el Perú entre 1980 y 2000 es de 69,280 personas, estas cifras superan el numero de perdidas humanas sufridas en el Perú en todas las guerras externas y guerras civiles ocurridas en sus 182 años de vida independiente y abarco una proporción mayor del territorio nacional que cualquier otro conflicto. La violencia política ha dejado serias secuelas para la vida del país, que afectan de especial manera a los adolescentes y jóvenes pobres que vivieron directamente esta dura historia o fueron producto de ella. La orfandad, el desarraigo, la indiferencia y la falta de protección del estado han marcado la vida de estas generaciones que han crecido con miedos y complejos, buscando una identidad social. En relación a la violencia domestica, Anicama(2) señala que uno de cada tres limeños maltrata psicológicamente a sus hijos y dos de cada cuatro lo hacen físicamente. Las conductas violentas también se extienden a la escuela, donde algunos profesores imparten castigos físicos a adolescentes o ejercen violencia verbal. Asimismo, otra expresión de violencia que afecta directamente a los adolescentes , son las pandillas o grupos de adolescentes que establecen relaciones de lealtad y reciprocidad, tienen jerarquías y compiten por el control de los grupos, y espacios geográficos, muchas veces esa competencia esta mediada por la ingesta de alcohol y drogas y los enfrentamientos se dan con armas blancas. Según el Ministerio del Interior a través de la creación de juntas vecinales de protección a la comunidad, solo en su primer año de actuación en Lima identificaron 384 pandillas en la zona central y los barrios periféricos. El ejercicio de la violencia esta instalado como práctica social extendida. Los adolescentes están aprendiendo que es una forma de resolución de los conflictos y es un mecanismo de ejercicio de autoridad. Los efectos de la violencia sobre la salud afectiva y mental del individuo y las comunidades son de largo plazo, algunas evidencias son:
Como conclusión resaltamos que existe mucho trabajo que realizar en este grupo etáreo, donde las familias, comunidad, escuela, los medios de comunicación y toda la sociedad deben proteger los derechos de los/las adolescentes y denunciar toda forma de violencia, discriminación, abuso y explotación, negligencia y maltrato. Así como promover una cultura democrática de respeto a sus derechos participación e inclusión en la creación de consensos sociales que aseguren su vida y salud integral. Notas Explicativas |
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Boletín IFP__:::__Documentos para una mayor Justicia Social |
Año 3, Número 13 |
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