Boletín IFP
| Discapacidad |
Enero 2006
 
Mi vida con la discapacidad
Por Hermes Montenegro  
   

Antes no se me habría ocurrido escribir acerca de mi discapacidad física, no crean que por complejos de personalidad, más bien creo que por una estrategia para minimizar el asunto; siempre pensé al respecto no como una circunstancia que me hiciera desgraciado sino como un desafío para hacer lo mejor que pudiera con lo que tenía.

No es mi intención defender mi pensamiento sobre la forma en que afronté la limitación; solo pretendo hacer una descripción vista desde adentro de lo que ha significado para mí vivir con ella.

Todo empezó hace aproximadamente veintisiete años y medio cuando rondaba yo los dieciocho meses de nacido; mi madre alarmada por mis llantos y las altas fiebres que desarrollé, mandó llamar a mi padre que se encontraba trabajando en una carretera, me llevaron al hospital más cercano que distaba un día de camino, allá el médico les dijo “poliomielitis”.

En cualquier época esta es una noticia muy desalentadora, implica que la muerte hinca con fuerza sus dientes en un ser humano y aunque no lo mata, deja su impronta inconfundible hasta que algún día más tarde regrese a completar su tarea. Si para todos es complicado, lo es más en una sociedad en que los hombres se abren paso en la vida a costa de su cuerpo; hay que ser fuerte para trabajar en el campo.

Mi padre no comprendía por qué su último vástago fue víctima de tan terrible enfermedad si él había llegado a la conclusión que como no se enfermaron mis hermanos pese a no estar vacunados, menos me iba a enfermar yo que nací pesando el doble que ellos y eran tan alto como mi hermano antecesor; además vacunarse en aquella época no era tan sencillo por las distancias a los centros de salud y la pobre economía de las gentes como mis padres. Jamás los he culpado.

Aunque no eran educados, ninguno terminó la educación primaria, bien claro comprendieron que la confianza que yo desarrollara en mí mismo sería crucial para mi vida, nunca me miraron con lástima y me criaron igual que a mis hermanos sanos, como hierba silvestre. Les estoy agradecido por la confianza ciega que siempre tuvieron en mi capacidad.

Ahora comprendo que debió ser un gran sacrificio para ellos dejarme así suelto para aprender a valerme por mí mismo cuando tan frágil era mi equilibrio, y también entiendo porqué había siempre un hermano cerca, había uno en particular que era capaz de batirse a puñaladas con cualquier mozalbete de la escuela que me mirara atravesado, fui la causa que se volviera un peleador incorregible, resulta que era yo un auténtico buscapleitos y no me importaba mucho si mi contrincante me llevaba una cabeza de alto; tal era mi confianza. Me protegieron pero con tanto tacto para que no me diera cuenta.

Formé siempre parte del grupo dominante de mis compañeros, jugaba a la pelota con ellos, iba al río en los días calurosos, montábamos a lomo desnudo en caballos que sacábamos de los potreros sin permiso de sus dueños y me batía a trompada limpia con cualquiera. No se como no me maté en esas aventuras cuyo recuerdo hoy me hacen cerrar los ojos de miedo.

Por así decirlo no era conciente que de algún modo era diferente a los demás niños, ni siquiera cuando en las clases de educación física tenía que quedarme mirando desde el borde de las canchas en que mis compañeros retozaban hasta caerse de cansados, recuerdo que sentía cierta frustración; me desquitaba en el boxeo, cuando un miembro se pierde, los demás miembros se fortalecen y desarrollé una gran fuerza en mis brazos, eso me servía para boxear, pegaba a diestra y siniestra con una rabia intimidante.

Pero llega un día en que para bien o para mal algunos conceptos que aprendemos en nuestro contacto con la sociedad van sedimentando y una nueva realidad es develada a nuestros ojos asombrados; llega la adolescencia y con ella la contemplación de la propia imagen y el enamoramiento; aunque tuve novia a edad más temprana que mis amigos, pronto empecé a darme cuenta que las muchachas me miraban con un extraño matiz en sus ojos críticos, había una barrera en ellos contra la que se estrellaba mi natural arrojo. Mi confianza empezó a desmoronarse.

Una lucha secreta se instaló en mi alma cada día, ya no me sentía el mismo, evitaba las peleas por temor a ser vencido. Los seres humanos tenemos un peculiar olfato para percibir fácilmente a la persona tras el rostro, mis contemporáneos se dieron cuenta que me había vuelto vulnerable y aprovecharon para acosarme, tuve que volver a pelear, ya no para dominar sino para defenderme; el mensaje era claro, estaba herido pero no muerto; tal vez por amor a los tiempos pasados ellos lo aceptaron; el grupo siempre defiende a sus integrantes.

Poco a poco me alejé de ellos y me volví amigo de los campos abiertos, del viento y de los caminos; así nació mi amor por la naturaleza y se fortaleció el que sentía por los animales, había tardes que me pasaba horas construyéndoles casas a las hormigas para que no se mojaran con la lluvia. La ternura natural de mi alma siempre me hizo ver la vida con mucho cariño.

Esas caminatas por los descampados me sirvieron para reflexionar acerca de una pregunta que aun no he resuelto ¿Qué es el hombre?, he pensado mucho en su naturaleza desde todos los ángulos y bajo todas las corrientes de pensamiento, desde Santo Tomás y los escolásticos que pensaban que el cuerpo era el depósito del alma, pasando por Darwin y Freud que dicen que es un animal social, hasta Darth Vader en “El retorno del Jedi” cuando le dice a su hijo “somos seres luminosos Luke, no solo esta tosca materia”. No pensaba por el puro placer, buscaba la esencia del valor del hombre.

A pesar de que no he conseguido todas las respuestas, si he llegado a comprender que el hombre es mucho más que el cuerpo, creo que es la fuerza interna que lo anima y que constituye su particular presencia en el mundo en que vive; que la paz y la felicidad son estados de ánimo que la única persona que puede proporcionárnosla es uno mismo; no os equivoquéis en esto del enfoque a la discapacidad, el problema de fondo no es la suficiencia sino la felicidad.

Si a uno le falta un brazo puede conseguir una prótesis, recuerdo haber leído de un hombre que nació sin manos y era reconocido como gran tallador de mubles de madera miniaturas, manejaba las cuchillas con los dientes; pero no conozco un elixir para la felicidad, los hombres no se derrumban de afuera sino por dentro y las heridas más terribles son las del alma.

La aceptación puede ser un proceso largo pero si se la consigue uno puede disponer de la calma necesaria para usar lo que tiene para abrirse paso en la vida en vez de lamentarse por lo que perdió o por lo que jamás tuvo. Conozco mucha gente que no tiene ninguna discapacidad pero es profundamente infeliz porque no es conciente de su singularidad como ser humano; las concepciones pesimistas crean personas muy desgraciadas.

Me apena decirlo, pero aun hay un resquicio en mi vida, el enamoramiento; soy un romántico incorregible y no puedo evitar sentirme contrariado cuando una hermosa hija de Eva no responde a mis requiebros como yo quisiera, la extraña mirada de sus hermosos críticos no ha desaparecido. En este mundo en que se valora tanto el físico, no lo cuestiono, es una reminiscencia de nuestra animalidad, un discapacitado no las tiene todas consigo y el amor es un componente tan grande de la vida. Realmente en este terreno uno tiene vivir a veces la sombra de lo que pudo haber sido.

Como de cualquier persona, la vida tiene unas de cal y otras de arena, he aprendido a vivir con las mezclas que el diario devenir se digne brindarme. Puedo resumir mi proceso como un caminar por la cumbre creyendo que era un rey, todos los niños creen que lo son; seguido de un brusco descenso al capricho de mil vientos; hasta un sereno dominio de todas las corrientes. Algo así como un retorno al inicio, un viaje a encontrarse con uno mismo.


 
 
 
Autor de este artículo:
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HERMES MONTENEGRO
Ingeniero Zootecnista

Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 4

Hermes está estudiando una Maestría en Economía del Desarrollo Rural en la Universidad de Chapingo, México

 
 

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