El presente artículo
es un extracto de una ponencia presentada en el VI Congreso Latinoamericano
de EIB en Santiago de Chile, los días 25 al 27 de octubre de
2004.
En la ciudad de Iquitos, Perú, desde hace 16 años trabaja
el Programa de Formación de Maestros Bilingües de la Amazonía
Peruana (FORMABIAP), el mismo que es responsable de la formación
de docentes indígenas amazónicos en el marco novedoso
de una co-ejecución entre el Ministerio de Educación y
la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana
(AIDESEP), la confederación nacional que agrupa a la mayor parte
de las organizaciones regionales y locales de los pueblos indígenas
amazónicos del Perú.
Durante estos 16 años, el proceso de formación docente
se ha orientado por una perspectiva de articulación
entre los conocimientos de las ciencias de origen occidental y los conocimientos
y prácticas de los pueblos indígenas. Esta formación
habría revelado procesos de asimilacionismo
y subvaloración de los conocimientos indígenas supuestamente
al tratar de interpretar el conocimiento indígena a través
de una “rejilla conceptual científica”. Mi punto
de vista es que no es el conjunto de categorías científicas
propuestas para esta articulación conceptual lo que estaría
produciendo este asimilacionismo velado sino la manera en que conceptualizamos
los formadores tanto el conocimiento científico como los conocimientos
y las lógicas indígenas, y la minusvaloración del
conflicto que supone articular estos dos universos interpretativos,
entre otras causas. Esta problemática es discutida por parte
de un formador de este programa que ha trabajado en su seno desde su
creación en 1988.
Una propuesta educativa para los pueblos indígenas
amazónicos
La educación de los pueblos indígenas en América
Latina ha recibido una atención considerable por parte de los
estados y de organizaciones de la civilidad durante los últimos
30 años. Algunos sostienen, por ejemplo Trapnell y Neira (2004),
que la implementación de la llamada “educación intercultural
bilingüe” (EIB)(1)
fue consecuencia de un largo proceso de construcción de democracia
en un sentido amplio, en nuestros países signados por la colonización
y los nuevos procesos de división mundial del trabajo con la
consiguiente apropiación del medio ambiente por parte de las
fuerzas transnacionales.
No obstante los cuestionamientos del movimiento indígena a los
llamados programas de “educación intercultural bilingüe”
por sus supuestos objetivos de “aculturación” sofisticada
de la población indígena y los reparos teóricos
de distintos especialistas en el tema, lo cierto es que muchos de estos
programas cuentan con distintos niveles de participación de la
población indígena involucrada en la ejecución
de los mismos. Por otro lado, muchos de estos programas han incorporado
los conocimientos y las prácticas indígenas en las propuestas
curriculares tanto de la educación primaria como de la formación
docente para hacer pertinente, de alguna manera, la educación
escolar que se ofrece a los pueblos indígenas.
Es en estas condiciones que las organizaciones indígenas de la
Amazonía peruana (liderados por la Asociación Interétnica
de Desarrollo de la Selva Peruana – AIDESEP), aprovechando ciertas
capacidades iniciales de gestión de las regiones en los procesos
de regionalización de los años ochentas, y ejerciendo
visionariamente los beneficios de la alianza con intelectuales comprometidos
con la problemática indígena y responsables de organismos
de cooperación, logra firmar un convenio con el Ministerio de
Educación, el Gobierno Regional de ese entonces y la organización
de cooperación italiana Tierra Nueva, para dar nacimiento a un
programa de formación de docentes indígenas en el seno
del Instituto Superior Pedagógico “Loreto” (Para
más detalles ver: García, 2004; Trapnell, 2003). Este
programa, cuya sigla actual es FORMABIAP (Programa de Formación
de Maestros Bilingües de la Amazonía Peruana), trabaja desde
1988 en la formación de docentes de educación primaria
para 15 pueblos indígenas de la Amazonía peruana.
En una comunicación reciente, García (2004), se ha realizado
un análisis detallado de la trayectoria de este programa, de
sus logros y retos más saltantes. Para el desarrollo del presente
trabajo puede ser útil mencionar que la última evaluación
externa del programa, Guzmán y Monroe (2003), señala que
“su trabajo ha conseguido el resultado histórico de construir
una propuesta EIB de formación de maestros indígenas y
de educación primaria enraizada en el movimiento indígena
de la Amazonía peruana y en la experiencia real de un sector
importante de sus pueblos y comunidades, logrando un amplio reconocimiento
por sus aportes a la EIB y como programa educativo nacional de AIDESEP".
Asimismo, es pertinente señalar que ésta y otras evaluaciones
han señalado la fragilidad institucional de nuestro programa
que, a pesar de formar parte del Instituto Superior Pedagógico
Público “Loreto”, no ha resuelto su sostenibilidad
financiera que depende mayormente de la cooperación internacional.
Luego de 10 años de trabajo, nuestro programa publicó
sus lineamientos curriculares de formación docente (Instituto
Superior Pedagógico Loreto-Asociación Interétnica
de Desarrollo de la Selva Peruana, 1997), los mismos que reflejan el
esfuerzo de una década de trabajo en la búsqueda de alternativas
de formación docente pertinentes para las necesidades educativas
del nivel de educación primaria de los pueblos indígenas
amazónicos. En estos lineamientos se precisaba que el objetivo
de la formación docente de nuestro programa era:
Formar maestros capaces de entender
y manejar una propuesta educativa que se oriente a la revaloración
del modelo social de su pueblo y al desarrollo del potencial del niño
como actor y miembro de éste, en el marco de un Estado pluricultural,
a través de la articulación
de los conocimientos indígenas
con los conocimientos y conceptos científicos
de origen occidental. (Instituto Superior Pedagógico Loreto-Asociación
Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, 1997: 33). [subrayados
míos](2)
Desde la formulación oficial de los lineamientos
curriculares de 1997 y en los más recientes de 2004, ha sido
bastante evidente que nuestro programa persigue la formación
docente para los pueblos indígenas amazónicos a través
de la valoración y apropiación
de la herencia social de sus pueblos enriqueciéndola
con los conocimientos de las disciplinas científicas correspondientes
a la propuesta curricular. Este doble propósito se realiza
a través de la articulación
– como se señala de manera explícita en el objetivo
de la formación formulado en 1997 – de “los conocimientos
indígenas con los conocimientos y conceptos científicos
de origen occidental”. Esta formulación es clara y no deja
lugar a tendenciosas interpretaciones. Se trata de lograr el doble objetivo
claramente contradictorio – el de apropiarse de la herencia social
indígena desvalorizada a los ojos de las generaciones más
jóvenes y menospreciada por la sociedad envolvente y apropiarse,
al mismo tiempo, de los conocimientos de las ciencias de origen occidental–
a través de mecanismos de intermediación que consisten
en valorizar los conocimientos y prácticas indígenas a
partir de la visualización de actividades socioproductivas locales
con categorías que provienen tanto de las ciencias occidentales
como de la experiencia sociocultural de los indígenas amazónicos,
como es el caso de los conceptos “habitat” y “nicho
ecológico”, tal como se explican ampliamente en Etsa (1996).
La evaluación externa más reciente que hemos indicado,
Guzmán y Monroe (2003), encontró varias manifestaciones
que indicarían que este proceso de articulación no se
estaría produciendo con los resultados esperados de transformación
de los sujetos sociales indígenas que son los docentes formados
en el programa. Para los mencionados autores, existe una dificultad
importante de apropiación de los conocimientos científicos
por parte de los alumnos del programa, así como de inserción
de la escuela en el universo socio cultural indígena.
Estas dificultades expresan, según ellos, el profundo significado
de las diferencias y conflictos culturales entre las identidades indígenas
y los sistemas culturales modernos, que deben ser suficientemente valoradas
tanto en los objetivos políticos como en las estrategias educativas
del programa.
Habría evidencias de este cuadro problemático en los siguientes
hechos: Los estudiantes del programa inician su aprendizaje con un nivel
educativo moderno insuficiente. Los estudiantes de formación
en las prácticas profesionales no satisfacen significativamente
las expectativas y exigencias del programa. La escuela tiene un alto
índice de fracaso de sus alumnos y da muestras de inadecuación
cultural. AIDESEP muestra insatisfacción ante el ritmo de avance
del programa, considerando las exigencias y desafíos que enfrenta
el movimiento indígena, aunque al mismo tiempo exprese permanentemente
orgullo frente al mismo.
Como docente de este programa, reconozco que estas dificultades se manifiestan
en estos términos en el desarrollo institucional, aunque pienso
que la explicación de sus causas debe ser motivo de estudios
serios para encontrar las determinaciones pertinentes tanto en el nivel
de las prácticas diarias como en el plano de los escenarios macro-estructurales.
Por otro lado, la evaluación detectó puntos sensibles
en la propuesta de formación que obligarían a revisar
el diseño de la formación y su fundamentación,
justamente en el tema de las relaciones
entre conocimientos indígenas y modernos en el aprendizaje,
algo que internamente ya habíamos diagnosticado en las evaluaciones
anuales del equipo docente:
“En nuestro concepto existe
una minusvaloración de la importancia
de las diferencias y conflictos culturales en la concepción
y estrategia de la formación de docentes del Programa. Esta minusvaloración
es importante porque tergiversa el contenido intercultural de la propuesta
y limita el adecuado tratamiento de los conflictos en la construcción
de identidad cultural de los futuros docentes, lo cual, en su conjunto,
entre otras consecuencias, afectaría el aprendizaje del conocimiento
moderno por los mismos.” (Guzmán y Monroe, 2003: 60) [Subrayado
mío]
Asimismo, ellos plantean que la articulación entre conocimientos
indígenas y científicos, propuesta como estrategia del
proceso de formación docente de FORMABIAP, no estaría
produciéndose por las siguientes razones:
“Primero, el proceso de aprendizaje
del conocimiento moderno a partir de la visualización del saber
indígena (el saber propio de quienes se forman), caería
en una dinámica de traducción
de éste ultimo en los términos del primero, tergiversando
esa visualización y disolviendo sus propiedades educativas.
La traducción señalada tendría lugar en el proceso
de enseñanza/aprendizaje realizado a través de las actividades
y consistiría en la interpretación del conocimiento indígena
con los términos del conocimiento científico, desarrollada
a partir de la definición de los ejes temáticos (recurso
natural/objeto, medio ambiente, técnica y fin/organización
social) que forman un esquema de interpretación (una rejilla
conceptual) moderno. […]
En segundo lugar, la comprensión de la cosmovisión indígena
que tiene la propuesta no se remite a las bases cognitivas y socio culturales
de ella, que llevaría necesariamente a valorizar las determinaciones
de las culturas indígenas que determinan su diferencia con la
ciencia y el conjunto de los sistemas culturales modernos.” (Op.cit.
Pág. 62)
Es en el marco de esta problemática que surgen
las primeras alarmas de parte de los evaluadores de que podría
estar gestándose un llamado “asimilacionismo” tanto
en la formación docente como en la práctica de docentes
de educación primaria egresados de nuestro programa. Como “las
culturas indígenas y la cultura moderna no se pueden articular
sin conflictos y sin tomar posición sobre el mismo, sobre quién
y cómo dirige y controla este proceso, y sobre cuál es
la dirección que se propone darle a su desarrollo” es en
este sentido que ellos plantean que “al no formularse estos términos,
podrían solaparse actitudes y esquemas cognitivos y de valoración
que están anclados en el supuesto de la inferioridad de la cultura
indígena contemporánea. Los sentidos y estrategias del
asimilacionismo no han desaparecido” (op. cit. Pág. 64).
Los peligros del llamado asimilacionismo en las prácticas
de nuestro programa están formulados ya por los evaluadores.
En consecuencia, proponen una reconceptualización del diseño
de formación con las siguientes hipótesis de trabajo:
“1. El conocimiento científico
no puede aprenderse desde el conocimiento y la subjetividad propios
de los sistemas culturales indígenas sin establecer las mediaciones
de aprendizajes necesarias para ello, y sin modular las metas educativas
de un modo coherente con las exigencias de este aprendizaje. La articulación
y la estrategia de aprendizaje por actividades
servirían en este sentido, si se ajusta su diseño en un
esquema que reconozca las diferencias y los conflictos.
2. Una de estas mediaciones es una visualización más acabada
del conocimiento indígena y de los procesos de producción,
que tendría que desarrollarse primero como un valor en sí
mismo, independiente de su incorporación al esquema (reformado)
de la articulación y las
actividades.
3. La formación y la escuela EIB deberían comprenderse
como un espacio de construcción de relaciones intersubjetivas
que incorpore el conflicto cognitivo y la creación de posibilidades
que se abran del diálogo intercultural,
que no presupone de antemano un determinado camino de modernización”.
(Op.cit. Pág. 63)
¿Asimilacionismo o soslayamiento de
los conflictos sociales y la diversidad social?
Los puntos centrales que han reconocido los evaluadores, los que estarían
mostrando indicios de asimilacionismo en el proceso de formación
docente y en las prácticas de los docentes formados en este sistema,
aluden a la minusvaloración
de las diferencias y los conflictos culturales entre las sociedades
indígenas y los sistemas culturales modernos. Asimismo, se refieren
al proceso de traducción
que se realizaría al interpretar los conocimientos indígenas
con los términos de los conocimientos científicos y al
hecho que el mecanismo de articulación
entre los dos campos de conocimientos propuesto como estrategia metodológica
y cognitiva en la formación docente es conflictivo por naturaleza
y se debe tomar posición frente a ella.
Estas dificultades centrales reconocidas por los evaluadores del programa
al parecer se estarían manifestando en las prácticas diarias,
en las interacciones áulicas y en los otros espacios de la formación
docente y de la educación primaria, en el campo de lo que se
ha llamado “currículo oculto”. Como veremos más
adelante, no parece que las alarmas de los evaluadores se refieran al
currículo explícito que está a disposición
de los interesados como lineamientos curriculares o como artículos
de debate escritos por los fundadores del programa (Etsa, 1996; FORMABIAP,
2004; Instituto Superior Pedagógico Loreto-Asociación
Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, 1997; Trapnell,
1996; Trapnell, 2003). Antes de debatir estas tres dificultades planteadas
por los evaluadores es necesario aclarar algunos puntos claves sobre
el trabajo de nuestro programa.
En primer lugar, se debe recalcar
que las actividades socioculturales
(como la caza, la pesca, las distintas fases de la agricultura, etc.)
forman parte de la programación
curricular de nuestra propuesta para la educación primaria.
Entonces, hay el peligro de que los docentes de educación primaria
tomen como una especie de “rejilla conceptual” estas categorías
usadas para describir, analizar y revalorar las actividades indígenas.
En segundo lugar, ya se ha señalado
en otras publicaciones (FORMABIAP, 2004; García, 2004) que la
formación docente en nuestro programa no se realiza con la propuesta
curricular basada en las actividades socioculturales, sino con un currículo
organizado por áreas académicas. Aún en este caso,
es posible sostener que nuestros lineamientos curriculares de formación
docente de 1997 y el vigente de 2004, pueden servir de marco orientador
para lograr que el futuro docente de educación primaria construya
espacios escolares (en las aulas escolares o en otros espacios de interacción
social adecuados) para que los niños aprendan y se formen en
el marco de actividades socioproductivas conocidas por ellos y por su
sociedad local. Sin embargo, como formadores de docentes no hemos sido
capaces de realizar esta formación mediante mecanismos curriculares
integradores y holísticos como las actividades socioculturales
o los proyectos educativos integradores de actividades significativas
para los futuros maestros, mecanismos que podríamos haber diseñado
en los niveles de “corto plazo” o “mediato”,
a partir de los mencionados marcos curriculares. Entonces, el peligro
de convertir el desarrollo de las actividades
propuestas para la educación primaria de los pueblos indígenas
en “rejillas conceptuales propios de occidente” seguirá
latente mientras la formación de los docentes se haga mayormente
a través de competencias y contenidos organizados por áreas
casi aisladas y mientras no se construya durante el proceso de formación
un marco interpretativo entre formadores y formados para analizar y
enfrentar los conflictos culturales y la diversidad, sin soslayarlos
y minimizarlos.
En tercer lugar, sostengo que las
actividades productivas y sociales,
sí han sido diseñadas para que en la educación
primaria sean las mediaciones de
aprendizaje adecuadas en el proceso de apropiación de los conocimientos
científicos propios de los contenidos escolares a partir de la
revaloración de los conocimientos y prácticas indígenas
que se despliegan de manera práctica en el desarrollo de estas
actividades y que adquieren un significado social en el universo discursivo
indígena que acompaña y explica tales actividades. Lo
que sucede es que estas actividades han sido desplazadas de su ubicación
medular en la propuesta diversificada de educación primaria inicialmente
formulada y han sido colocadas casi como anexos en la versión
final por la exigencia del Ministerio de Educación de formular
la estructura curricular de educación primaria a través
de competencias, capacidades y actitudes por áreas no necesariamente
interrelacionadas entre sí. Y, como ya hemos señalado,
los docentes de educación primaria no han sido formados para
manejar la organización, las potencialidades y la concepción
sociopolítica de estas actividades en el marco del conflicto
cognitivo o social inherente que supone articular los conocimientos
indígenas con los conocimientos científicos en los diálogos
intersubjetivos propuestos.
Con relación al currículo manifiesto y explícito
de la formación docente de nuestro programa, como se ha visto
en la sección anterior, dicho currículo plantea de manera
explícita que el futuro
docente se formará en la revaloración de la herencia social
de su pueblo enriqueciéndola con los conocimientos de las ciencias
occidentales. Los mecanismos y las estrategias de este tipo de formación
dialógica se presentan de manera ejemplar en el artículo
que ya hemos mencionado, Etsa (1996), es decir que en el plano de la
estructura curricular formal (escrita) esta opción está
presentada en forma expresa. Sin embargo, los peligros del asimilacionismo
y de la traducción que se señalan sí tienen muchas
posibilidades de realizarse en las prácticas cotidianas de la
formación docente en las aulas o en los demás espacios
formativos, en el manejo de los distintos “artefactos mediadores”
como los materiales educativos y el discurso mismo, si los formadores
no tenemos presente este problema y no construimos periódicamente
mecanismos de diálogo con los jóvenes indígenas
para que se apropien de los conocimientos científicos explorando,
por ejemplo, los “conocimientos que un hombre o una mujer de su
pueblo pone en práctica al momento de realizar una actividad”
(Trapnell, 1996: 171).
Según mi punto de vista, estas sombras de la asimilación
asoman constantemente en las prácticas de formación cotidianas
ya que el equipo de formadores (profesionales indígenas y no
indígenas egresados de centros de formación que sólo
han privilegiado los conocimientos de las ciencias occidentales como
forma de construir los conocimientos) no hemos logrado construir un
discurso pedagógico que asuma este conflicto cognitivo y social,
algunos somos reacios a aceptar el valor epistemológico de los
conocimientos y prácticas indígenas y muchos dudamos de
su valor social como actos o actividades
concretas aunque en los discursos aceptemos su valor general como muestras
o productos generalizados abstractos
que caen dentro de un saco llamado “cultura indígena”.
Entre los formadores de mi programa, y al parecer también en
otros equipos de formación docente para pueblos indígenas
en América Latina, es bastante común la práctica
de reconocer en los discursos la validez general abstracta de los conocimientos
indígenas, pero en el desarrollo cotidiano de las áreas
de formación el objetivo central efectivo es que el alumno maneje
mayormente los conceptos científicos propios de cada una de las
áreas.
Si un formador de nuestro programa no está preparado teóricamente,
socialmente, políticamente para articular
los conocimientos indígenas, gestados en condiciones socioculturales
específicas en el marco de la herencia social de cada pueblo,
con los conocimientos científicos, aprendidos por él como
su propia naturaleza de ser profesional, sus prácticas diarias
en el aula pueden convertirse en un asimilacionismo velado. Este asimilacionismo
puede ser imperceptible a la conciencia crítica de cada formador
debido a que en el plano formal opera en un programa gestado por los
pueblos indígenas y se ve obligado a incluir los conocimientos
indígenas en el proceso de formación, pero sus esfuerzos
se dirigen a que el futuro maestro se apropie de los conocimientos científicos
de su disciplina de trabajo sin explicitar este conflicto cognitivo-social
de la diferencia sociocultural entre los dos tipos distintos de sistemas
interpretativos y privilegiando los mecanismos de construcción
y reproducción de la información de las ciencias occidentales.
Una de las fundadoras del programa ha sostenido que “FORMABIAP
ha intentado superar este enfoque cientificista introduciendo las visiones
de diferentes pueblos indígenas sobre la existencia de «dueños»
o «madres» de los animales, al aproximarse al estudio de
los ecosistemas. [..] Sin embargo, los docentes de FORMABIAP están
actualmente inmersos en un proceso de evaluación crítica
de la fuerte incidencia que ha tenido la ciencia occidental en la organización
de su currículo de formación docente. Los formadores de
este programa son cada vez más conscientes del peligro de caer
en procesos involuntarios de asimilacionismo y de subvaloración
de los conocimientos provenientes de tradiciones culturales no hegemónicas.
Según han evaluado esto puede darse cuando se busca interpretar
el conocimiento indígena a través de una rejilla conceptual
«científica» pretendidamente universal […]
Los docentes de FORMABIAP están buscando la manera de «interculturalizar
el conocimiento», en palabras de Walsh, a través de la
construcción de nuevos marcos interpretativos
que permiten generar nuevos conceptos y categorías”
(Trapnell, 2004 b: 8). Asimismo, en este mismo espíritu crítico,
en la reseña de un reciente debate al interior del programa,
ella misma sostiene que “La idea de retomar el para qué
del conocimiento estaba orientada a reflexionar sobre el hecho que podían
haber distintas estrategias para llegar a los mismos objetivos. Se observó
que la estrategia primordial de FORMABIAP ha estado orientada a privilegiar
el ámbito cognitivo y que se había recurrido fundamentalmente
a los aportes conceptuales y metodológicos de la ciencia. De
tal manera (que) las categorías de interpretación utilizadas
en todas las áreas provenían de distintas disciplinas
académicas. Se vio la necesidad
de incorporar categorías provenientes de las lenguas o culturas
indígenas” (Trapnell, 2004 a: 5). [Subrayados míos]
Según sugieren las citas precedentes, estamos avisados de los
peligros de asimilacionismo en que podemos caer de manera involuntaria
(por ejemplo, en las interacciones diarias de los procesos de formación)
o de subvaloración de los conocimientos de tradiciones no hegemónicas.
Asimismo, reconocemos que hemos privilegiado los conocimientos científicos
y el ámbito cognitivo en las estrategias y en la organización
del currículo (se entiende en el currículo explícito
y en el implícito). Sin embargo, mi hipótesis es que justamente
estamos en esta situación por no llevar adelante el objetivo
central que ya nos hemos trazado de manera lúcida en el currículo
de 1997, tal como hemos citado más arriba. Esto es, aceptar que
este proceso formativo liberador sólo será posible si
en forma explícita se aborda
el conflicto social y cognitivo inherente a la supuesta superioridad
de los conocimientos científicos (que son la base “profesional”
de los formadores y cuya apropiación es una aspiración
social de los pueblos indígenas en el marco de la dominación
secular en que se hallan) y el carácter marginal de los conocimientos
indígenas (que son desvalorizados no solamente por los jóvenes
aspirantes a ser maestros por causas que se han señalado abundantemente,
sino que son “valorizados” solamente en forma genérica
en los discursos reivindicativos de los formadores pero son “soslayados”,
“encubiertos” en las prácticas diarias de los procesos
de formación). Los fundadores del programa, como hemos señalado
ampliamente, ya han presentado perspectivas para hacer este proceso
de articulación en un proceso formativo intersubjetivo en el
que es primordial que los formadores sean conscientes de este proceso,
estén preparados para eso y lo hagan efectivamente como un equipo
experto. Como dice Holzkamp (1990), en un proceso de investigación
a través de una comunicación intersubjetiva con los interesados
(lo mismo se puede decir de un proceso de formación de estas
características) “las problemáticas han de explicitarse
como situaciones en las que, por un lado, los interesados tienen buenas
razones para tratar de superar los problemas a su manera, por lo que,
sin embargo y por otro lado, actúan de hecho en contra de sus
propias intenciones e intereses en base a un visión recortada
de la realidad y premisas de justificación que por eso mismo
son limitadas, es decir que ellos mismos producen las dificultades que
luego no pueden superar. La contribución específica (del
formador, digo yo) consiste aquí en la presentación de
ciertas figuras argumentativas y de la práctica de corto alcance,
presentemente analizadas o anteriormente identificadas, como ofertas
al interesado para que descodifique su problemática actual. Si
esto resulta, se abren, simultáneamente con la identificación
de la estructura argumentativa de corto alcance, las perspectivas de
la superabilidad de la problemática mediante su suspensión
en formas de pensamiento y práctica, en base de las que los interesados,
gracias a un acceso ampliado a la realidad, no pueden seguir actuando
sin quererlo en contra de sus intenciones e intereses”.
Por otra parte, no es alarmándose con la intromisión de
las ciencias en nuestras vidas, o buscando vehementemente nuevos marcos
interpretativos descontextualizados, como vamos a superar los peligros
del asimilacionismo o del supuesto cientificismo. Tenemos a mano, los
contextos intersubjetivos que están planteados en la formación
docente y sólo visualizando estos contextos intersubjetivos,
de por sí problemáticos, podemos construir marcos dialógicos
adecuados para desarrollar una formación docente liberadora,
como lo han señalado también los evaluadores del programa,
Guzmán y Monroe (2003).
Notas Explicativas
(1) Pongo
entre comillas esta denominación pues ella es motivo de distintas
interpretaciones por parte de los distintos actores sociales de nuestros
países. Convengamos en que la “educación intercultural
bilingüe”, sea cual sea su origen, está ligada a la
búsqueda de propuestas educativas pertinentes para las necesidades
y las aspiraciones sociales de los pueblos indígenas y últimamente
se presenta como una alternativa para mejorar también la educación
de los otros sectores.
(2)
Es preciso aclarar que cuando se habla de conocimientos indígenas
y de conocimientos científicos de origen occidental no se hace
una distinción dicotómica simple entre estos dos universos
interpretativos. Para efectos de esta discusión sí es
pertinente este nivel de generalidad ya que desde sus orígenes
estas dos formas de conocimiento son distintas y en cuanto a su valor
social son también muy diferentes desde que los conocimientos
científicos han sido generalizados a través del sistema
escolar y sus mecanismos de reproducción se han desligado de
cierta manera del medio social de tal forma que este proceso puede seguir
un curso independiente en sí o puede ser usado explícita
o implícitamente por las capas dominantes para permitir la reproducción
de las condiciones de vida según los intereses de dichas capas.
En cambio, los conocimientos indígenas, al menos de los pueblos
originarios latinoamericanos, forman parte de la herencia social de
estos pueblos que han sabido resistir a las oleadas de dominación,
discriminación y exclusión de más de 5 siglos y
se siguen practicando en los espacios de relativa autonomía preservados
y conquistados por dichos pueblos y compitiendo en forma desventajosa
con los conocimientos científicos transmitidos por la escuela
“civilizatoria” y “homogeneizante”. Es innegable
que hay distintas formas de conocimientos de los pueblos indígenas,
así como hay distintos paradigmas científicos de origen
occidental, pero estos dos sistemas de conocimiento tienen una diferencia
de fondo de raíces históricas, sociales y políticas.
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Autor/a de este
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FERNANDO GARCIA
Profesor
Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 3
Fernando estudia un PhD en Educación en el Depto. de Investigaciones
Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
del IPN, en México D.F., hasta Junio 2007.
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La educación superior en el no debate social
::.
La participación de padres y madres en la E.I.B. del pueblo
Aymara del Perú
::.
El Constructivismo y las demandas educativas actuales
::.
La organización escolar como espacio y objeto de innovación
::.
Hacia un Currículum de Educación Intercultural Bilingüe
::.
Discurso, poder y cognición en el aula
::.
Aproximaciones a la inteligencia del niño andino a través
de Piaget
::.
Planificación de la composición escrita para el desarrollo
de habilidades linguístico comunicativas de alumnos rurales
del Perú
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| "No obstante los cuestionamientos
del movimiento indígena a los llamados programas de “educación
intercultural bilingüe” por sus supuestos objetivos de
“aculturación” sofisticada de la población
indígena y los reparos teóricos de distintos especialistas
en el tema, lo cierto es que muchos de estos programas cuentan con
distintos niveles de participación de la población indígena
involucrada en la ejecución de los mismos. Por otro lado, muchos
de estos programas han incorporado los conocimientos y las prácticas
indígenas en las propuestas curriculares tanto de la educación
primaria como de la formación docente para hacer pertinente,
de alguna manera, la educación escolar que se ofrece a los
pueblos indígenas". |
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| "...los evaluadores reconocen indicios
de asimilacionismo en el proceso de formación docente y en
las prácticas de los docentes formados en este sistema, aludiendo
a la minusvaloración de las diferencias
y los conflictos culturales entre las sociedades indígenas
y los sistemas culturales modernos. Asimismo, se refieren al proceso
de traducción que se realizaría
al interpretar los conocimientos indígenas con los términos
de los conocimientos científicos y al hecho que el mecanismo
de articulación entre los dos campos
de conocimientos propuesto como estrategia metodológica y cognitiva
en la formación docente es conflictivo por naturaleza y se
debe tomar posición frente a ella". |
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| "Según mi punto de vista,
estas sombras de la asimilación asoman constantemente en las
prácticas de formación cotidianas ya que el equipo de
formadores (profesionales indígenas y no indígenas egresados
de centros de formación que sólo han privilegiado los
conocimientos de las ciencias occidentales como forma de construir
los conocimientos) no hemos logrado construir un discurso pedagógico
que asuma este conflicto cognitivo y social... algunos somos reacios
a aceptar el valor epistemológico de los conocimientos y prácticas
indígenas y muchos dudamos de su valor social como actos o
actividades concretas aunque en los discursos aceptemos su valor general
como muestras o productos generalizados abstractos que caen dentro
de un saco llamado “cultura indígena”. |
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