| Boletín IFP | Mundo Indígena - Lenguas Originarias | |
Noviembre 2004
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| La etnicidad en la evolución económica de los aimaras de Lima | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Por Moisés Suxo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Los medios de comunicación social de Lima han informado ampliamente sobre el éxito de las sociedades empresariales de los migrantes aimaras de Unicachi(1). Han destacado como elementos movilizadores de la pujanza económica de los unicachinos la férrea unidad, la cooperación, vocación por el trabajo y la organización sólida de los unicachinos en Lima. Pero no ha sido suficientemente advertido el papel de la etnicidad, de la identidad étnica aimara de los unicachinos. El componente étnico expresado en la organización asociativa de tipo comunal asumido por sus organizaciones, la difusión de las manifestaciones artísticas, la práctica de la reciprocidad y la preservación de la lengua aimara; aunque con dispar intensidad, fueron determinantes en esto. Este artículo destaca la influencia de la identidad aimara en el éxito económico de los migrantes unicachinos en Lima e intenta abrir un debate en torno al tema de la etnicidad con relación al modelo económico comunal aimara como alternativa y respuesta frente al sistema económico imperante. Este análisis lo elaboro desde la perspectiva de ser aimara migrante y parte de este proceso de identificación de los unicachinos con nuestra milenaria Nación Aimara. El Perú, país multinacional, fue escenario de masivos movimientos demográficos del campo a la ciudad desde la segunda mitad del siglo pasado y junto a ellos de la movilización de la diversidad cultural. Esto sin duda originó tensiones con la sociedad criolla de Lima y desde luego transformaron la estructura tradicional del Estado. Frente al nuevo contexto los unicachinos aplicaron una conocida estrategia aimara al que podemos llamarla “comunitaria”, porque el origen y parentesco étnico les posibilitó organizarse para encarar la supervivencia en la ciudad. A la luz de las experiencias de los migrantes unicachinos pensamos que la introducción de la comunitariedad en los procesos económicos y la gestión de las empresas colectivas es una estrategia muy acertada y viable en los tiempos de la globalización; no obstante, los países con alto desarrollo tecnológico y económico restringen y condicionan el ingreso de los productos de países como el Perú. Por otro lado, podemos considerar a la etnicidad como un aspecto sumamente vinculado al proceso migratorio. Este concepto es una construcción histórica que parte de una realidad objetiva, no a partir de un imaginario sin base social, aunque en ese proceso creativo se añaden elementos subjetivos con el objeto de diferenciarse culturalmente de otros. O sea, la identidad étnica distingue a uno del otro sujeto cultural, por lo que viene a ser una forma de vida diferente de los otros modos de existencia. Migración del campo a
la ciudad La migración es el fenómeno social más importante que se ha producido en el Perú fundamentalmente por motivos económicos. Según Altamirano (1988:35-36), “la migración no es solamente un desplazamiento poblacional. Junto con el proceso migracional, el migrante “lleva” consigo su cultura, aunque esta tienda a modificarse pero no desaparecer en la ciudad”. En este contexto los valores culturales indígenas tienden a reproducirse, a redefinirse, debilitarse y también entran a un proceso de extinción. Los valores que reproducen los aimaras de Unicachi son la reciprocidad y el colectivismo. El autor también se refiere a la migración de retorno, ya que el migrante no deja de volver a su terruño por diversas motivaciones, como es el caso de la población de Unicachi que regresa para las fiestas costumbristas, visita a los familiares, asuntos relacionados al comercio, etc. También debemos indicar que entre los migrantes y el pueblo de origen siempre existe contacto ya sea a través de donaciones y apoyo en gestiones desde Lima para el mejoramiento de los servicios básicos de la comunidad. En este sentido Altamirano coincide: “las relaciones de parentesco entre los nativos y los migrantes temporales, estacionales y aun los permanentes no se desintegran” (1998: 48). Estas migraciones originaron que las relaciones entre los pueblos andinos y la sociedad criolla urbana se complejizaran y entrarn en conflicto. Para Degregori (1999:165), “Debido a la correlación de fuerzas tremendamente adversas en la que se inició la “contraofensiva andina”, a nivel cultural predominó en los primeros tiempos de la migración lo que podríamos llamar la estrategia del disimulo, o del Caballo de Troya”. Si bien esta estrategia les permitió a los migrantes esconder sus propias expresiones culturales como la lengua, costumbres, música y danzas para evitar la discriminación y la agresión cultural en un medio tan hostil como Lima; también con esta conducta muchos perdieron su cultura originaria, otros se integraron y adoptaron su nueva identidad mestiza, y con mayor razón sus descendientes. Los valores que se reproducen según los pueblos difieren. Según Altamirano (1998:49), “los más importante son cuatro: las relaciones de parentesco; el sistema de reciprocidades, el intercambio intrafamiliar e interfamiliar; el curanderismo urbano; y finalmente, la capacidad de organización colectiva en clubes o asociaciones según afinidades geográficas, culturales y económicas”. Aunque como hemos indicado también tienden a adquirir nuevas formas bajo la influencia de los valores de la cultura occidental. En cuanto a los aspectos cultural y lingüístico, la interrelación de los pueblos en un contexto multicultural, como en Lima, trae como consecuencia la hegemonía de la cultura y lengua consideradas nacionales sobre las culturas originarias. De acuerdo con esta realidad la interculturalidad todavía no se practica desde los sectores dominantes con la misma motivación que lo hacen los pueblos autóctonos migrantes. Sichra señala (2004:1), “la reproducción cultural y la transmisión y uso de lenguas indígenas cobran distintas dinámicas aún no conocidas en su relevancia y especificidad para la educación. El creciente carácter intercultural de las áreas urbanas desafía a los sectores indígenas y no indígenas y a los Estados a generar políticas educativas y lingüísticas en un contexto de nuevas tensiones y dinámicas sociales aún no escudriñadas”. En las últimas décadas estas relaciones asimétricas presentan otras características por el factor étnico más visible en las urbes, como la manifestación de las fiestas costumbristas que realizan los pueblos aimaras y quechuas en Lima. Inserción del migrante
unicachino en Lima Steinhauf, 1991; Adams y Valdivia, 1991 manifiestan que “en muchos casos lengua y vestido se perdieron, pero las redes de cooperación basadas en el parentesco extenso y el paisanaje, por ejemplo, se extendieron a los centros urbanos y de esta forma otros rasgos de la identidad estigmatizada tendieron a convertirse en recurso, utilizado tanto en el ámbito económico, por ejemplo en la construcción de empresas informales, como en lo cultural”. Resultó primordial la reproducción cultural en los valores aimaras a través de las organizaciones sociales para el pueblo de Unicachi no sólo para reafirmar nuestra identidad ancestral, sino para la constitución de empresas colectivas formales, bajo la denominación de personas jurídicas. Las formas asociativas de organización comunal adoptadas por los unicachinos se van transformando en los años ‘80 y ‘90 de acuerdo a las necesidades y desafíos que surgen en el proceso de inserción a la urbe y a la obligación por rediseñar las propuestas de la defensa de las manifestaciones culturales, sociales y económicas de la cultura propia. Como lo señala Golte y Adams, “de esta manera las formas de asociación se van reformulando ya que la distancia física y social respecto al lugar de origen, y la nueva situación económica en la ciudad, conllevan nuevas formas de relación social, al igual que las formas de desenvolvimiento económico y social en la ciudad imprimen una nueva lógica en las reglas de precedencia entre diversas formas de interrelación” (1990:68). En el caso del pueblo aimara de Unicachi se van articulando formas de organización económica de tipo familiar e informal, en la última década del siglo anterior esta construcción se acentúa de manera formal y colectiva, llegando a consolidar exitosas sociedades empresariales. La etnicidad y su aporte en
la formación de las sociedades empresariales aimaras
De acuerdo a esta interpretación la etnicidad no es una característica fija de un grupo social histórico, ni es inventada para ser utilizada, sino que es dinámico y cambiante. La etnicidad como proceso constructivo adopta una posición intermedia que combina elementos históricos e inventados auténticos, ambos vinculados a cambios sociales que se dan en el tiempo. La etnicidad como construcción histórica parte de una realidad objetiva y no a partir de un imaginario sin base social, aunque en ese proceso creativo se añadan luego elementos subjetivos. Wade conceptúa “la etnicidad es una construcción social para las identificaciones de la diferencia y la igualdad... se refiere a las diferencias culturales...la diferencia cultural se extiende por el espacio geográfico debido a que las relaciones sociales se vuelven concretas mediante una forma espacializada” (2000:24-26). Las diferencias culturales nos dan una identidad propia respecto de otros. El proceso histórico seguido por cada colectividad social, la lengua, el territorio, la religión, valores, conciencia de permanecer existiendo, imaginar proyectos colectivos y demás productos culturales compartidos como de los aimaras de Unicachi nos distinguen de otros grupos sociales que también tienen su propio porvenir. Este planteamiento dinámico de la etnicidad en las últimas décadas ha tenido bastante influencia, pues deja a un lado las interpretaciones esencialistas (algo natural) e instrumentalistas (manipulable) para relativizar los procesos sociales que varían en un determinado espacio y tiempo. La etnicidad no es un fenómeno social estático, se presenta en distintas formas en una región, un momento histórico y una clase social especifica. “La etnicidad como una realidad construida, con una historia que hay que reconstruir, en la que se puede apreciar cierta intencionalidad. En nuestra reflexión sobre la etnicidad nos inclinamos a abstraer el carácter construido (por lo tanto vinculado al tiempo y al lugar) y subjetivo de la misma” (Baud 1996:12). Pero, basado en una realidad objetiva. Los elementos que definen un grupo étnico pueden ser una historia común, características físicas, idioma, normas y valores, religión, organización social y economía, y comportamientos compartidos. En cambio, es difícil conseguir que toda una colectividad heterogénea como la peruana actúe de una forma uniforme; por eso, podría un grupo social histórico como el pueblo aimara encaminarse hacia objetivos mayores. Si bien el grupo étnico presenta diferencias, son mayores las semejanzas que lo hacen pensar en alcanzar ciertos fines imaginados en el tiempo. La etnicidad es la identidad étnica que distingue a uno del otro sujeto cultural. Por eso viene a ser una forma de vida diferente de los otros modos de existencia.
Los pueblos de un grupo étnico
tienden a reproducir las manifestaciones culturales, económicas,
sociales y organizativas de su colectividad, conforme a las necesidades,
contexto y los nuevos vientos que vienen de la cultura occidental. Por
ejemplo, el crecimiento económico del pueblo aimara Unicachi está
siendo tomado por otros pueblos como modelos de desarrollo comunitario,
donde la clave fue la incorporación de valores culturales ancestrales.
Fue especialmente importante para su evolución económica,
de lo informal-individual a formal-colectivo, la incorporación
de elementos como la reciprocidad, solidaridad, expresiones artísticas,
la lengua aimara y la visión de mantener la pervivencia de la Nación
Aimara, aunque no teniendo conciencia definida (creo) de este último
concepto.
Las experiencias de gestión social adquiridas en las organizaciones sociales y culturales fueron también importantes en el surgimiento de las empresas colectivas aimaras(4). Sin embargo, estas experiencias organizativas sociales además tuvieron un fuerte componte étnico. Esto podemos demostrarlo con la aparición de varias instituciones sociales y culturales que se dedicaron y a la práctica y difusión de las danzas aimaras como la llamerada, cullawada, diablada, caporales, morenada, etc. El modelo de organización comunal o colectiva fue adoptado y adaptado en distintos tiempos por las varias instituciones como la Asociación Distrital Unicachi, Centro Cultural de Unicachi y últimamente por una gran entidad, la Asociación de Comerciantes San Pedro de Unicachi. Por lo dicho, podemos concluir que el factor étnico no sólo fue importante para la evolución económica, sino para la unidad social y hasta la sobrevivencia de los unicachinos en Lima. Incluso, Unicachi siempre se caracterizó como un pueblo dedicado a la actividad comercial y esta situación jugó también un papel central en este proceso de ascensión económica. Otro de los conceptos teóricos estrechamente relacionado con la identidad étnica es la conciencia étnica que opera en la mente y cuerpo del individuo. Antes de conceptuar lo que significa la conciencia étnica debemos distinguir dos conceptos que se entrecruzan en los movimientos sociales indígenas. La denominación de la clase social encierra en su significado categorías distintas de concebir el mundo y la vez se pueden complementar, sin ser necesariamente opuestos y hasta conflictivos. El pueblo aimara, que busca su reivindicación económica, cultural y política, estas realidades (conciencia étnica y de clase social) no son dos luchas distintas, mas bien se deben unificar en la constatación de que la Nación Aimara dentro de los Estados-nacionales es una clase subordinada a los intereses de la clase dominante criolla y también es un pueblo sin derecho a la libre determinación y autonomía. Según Fabregat, “etnia y clase social no son conceptos descriptivos de contenidos culturales, en realidad, son categorías clasificatorias que remiten, una a la identidad histórica y otra a la identidad económica. Si bien no se excluyen entre sí y a pesar de ser componentes de toda sociedad avanzada, etnia y clase son elementos de identificación que pertenecen a planos diferentes de la identidad individual” (op. cit.). La conciencia étnica en un marcador de una sólida construcción de la identidad cultural. Es una toma de conciencia histórica y de asunción de compromisos con la pervivencia de la cultura propia.
Esta identificación étnica es pública por parte del sujeto étnico, lo cual supone una clara distinción y afirmación del yo frente a otros individuos. Las expresiones como “Yo soy de la nación aimara”, “uno nace aimara y aimara tiene que serlo” y “los aimaras queremos seguir viviendo” se refieren a una identidad cultural específica. En esto no hay nada difuso ni por construir como cuando se habla de la “identidad peruana”. ¿Hacia una burguesía
aimara en la gran Lima?
La aparición del sector informal (ambulantes) como mecanismo de sobrevivencia de los migrantes en la ciudad fue una estrategia adoptada por una gran mayoría de los indígenas en la capital. Por otro lado, una minoría de comerciantes fue acumulando capitales por negocios de productos de primera necesidad.
Con el paso del tiempo, además de los profesionales de éxito, algunos cantantes de música folklórica, los conjuntos de música chicha y otros sectores de migrantes fueron creando un grupo dotado de una gran capacidad económica, calificada por el autor como burguesía chola(6). Consideramos que este grupo económico en formación es culturalmente indígena u originario. En el caso de los migrantes aimaras en Lima pensamos que no existe actualmente una clase social aimara burguesa como lo señala Montoya (1993:110), “entre los aymaras se encuentra el único caso peruano de existencia de una burguesía indígena –que no por comercial deja de ser burguesía- capaz de recorrer el país sin dejar de asumir sus propios valores culturales”, pero viendo la realidad de los aimara en Lima pensamos que hay la tendencia hacia la formación de una burguesía comercial aimara en Lima en base a la práctica de los valores de la reciprocidad y la solidaridad. Por otra parte, en términos marxistas la burguesía es poseedora de los medios de producción, ¿Qué y cuántos medios son propiedad de aimaras?, ¿De qué sectores y pueblos aimaras procede la burguesía? ¿Cuánto capital han acumulado los aimaras en comparación con la gran burguesía? ¿Los aimaras que amasaron grandes fortunas tienen conciencia étnica? ¿Se puede hablar de la burguesía y la etnicidad aimara al mismo tiempo cuando son categorías de naturaleza opuesta? Son algunas interrogantes para la reflexión y discusión dentro de las nacionalidades indígenas, en particular la aimara. Conclusiones Con relación al aporte del factor étnico en el desarrollo económico podemos decir que la etnicidad no es una característica fija de un grupo social histórico, ni es inventado para ser utilizado, sino es dinámico y cambiante. Como proceso constructivo adopta una posición intermedia que combina elementos históricos e inventados auténticos, ambos vinculados a cambios sociales que se dan en un determinado tiempo y espacio. Además, fue muy importante para la evolución económica de Unicachi la incorporación de elementos como la reciprocidad, solidaridad, expresiones artísticas, la lengua aimara y la conciencia étnica como marcadores de nuestra identidad cultural de la Nación Aimara. Notas Explicativas Referencia Bibliográfica |
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Boletín IFP__:::__Documentos para una mayor Justicia Social |
Año 2, Número 9 |
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