| “La mentira
más grande hecha al ciudadano es hacerle creer que vive en democracia”
Introducción
El presente ensayo es escrito a partir de mi trabajo de investigación
sobre participación ciudadana(1)
y la sistematización de los procesos sociales y ciudadanos
en los que participé en Perú, tanto en organizaciones de
la sociedad civil(2)
y de mi trabajo en el organismo electoral peruano (ONPE)(3)
como especialista en capacitación electoral en las zonas
rurales y urbanas de Cajamarca, y Amazonas, en los procesos electorales
presidenciales del 2001, los procesos de revocación
de Alcaldes el 2001 y las elecciones municipales y regionales de noviembre
del 2002.
El contacto directo con los pobladores, el diálogo con ellos,
el proceso electoral mismo, los documentos de ellos derivados y los grupos
de estudio constituyen los instrumentos y fundamentos del presente trabajo.
A la vez, se precisa que aún no concluye la sistematización
de todo el proceso que pretende establecer una visión de lo que
sucede en América Latina en el periodo 1998 – 2005.
Se pretende, desde un enfoque crítico, una aproximación
integral a la realidad de la democracia y el ejercicio de la ciudadanía
como teoría y como práctica. El fin que nos guía
es conocer las características, dificultades y potencialidades
de los procesos de ciudadanización y democratización; que
es muy actual y que se vive en un momento de crisis de la gobernabilidad
y en un contexto de transformación mundial. En este sentido, la
construcción de ciudadanía protagónica es esencial
para dar solución a los problemas relacionados a lo público,
tanto a nivel de gobierno como de la sociedad civil.
Es trabajo es pertinente porque en los momentos actuales de un mundo globalizado
y fragmentado, en el que generaliza una nueva bipolaridad norte - sur,
es urgente desarrollar alternativas, que desde el gobierno y desde la
sociedad civil, contribuyan al desarrollo inclusivo, permitiendo que los
sectores históricamente marginados puedan ejercer su ciudadanía
a plenitud y ser parte de la construcción de la democracia protagónica
para el bien común. Este trabajo muestra que es posible levantar
desde la realidad social alternativas viables para lograr gobernabilidad,
inclusión y desarrollo.
Paradojas y contradicciones
de la ciudadanía y la democracia - Tesis
Una de los elementos centrales del proceso de la democratización
es el ejercicio de la ciudadanía, sin él no se puede alcanzar
en un mundo desigual y globalizado mayores espacios y condiciones de igualdad
y desarrollo humano. El Estado al contraerse socialmente y constituirse
en mero regulador de la globalización capitalista es causa del
recorte sistemático de derechos ciudadanos y se muestra como un
agente hostil al ejercicio pleno de la ciudadanía, destruyéndola.
El proceso económico globalizado, por su parte, ha transpuesto
las barreras de la ciudadanía nacional y ha trasladado el debate
de los intereses públicos y la toma de decisiones sobre las políticas
nacionales a ámbitos extraterritoriales al Estado – Nación,
excluyendo a los ciudadanos definitivamente de estas grandes decisiones,
consecuentemente el ejercicio de la ciudadanía se relega a aspectos
secundarios y contestatarios(4)
o de construcción de soportes de sobrevivencia
alternativos para afrontar las consecuencias de estas nuevas relaciones
de poder(5).
No obstante los procesos de globalización y ajuste económico
limitan y destruye espacios y derechos de la ciudadanía existente,
dado que la categoría es construida socialmente, esta se va redefiniendo,
construyendo y reconstruyendo, formando nuevas identidades a partir de
las existentes y las influencias de la mundialización(6),
y que se constituyen como las nuevas formas de ejercer la ciudadanía
para desarrollar nuevos espacios de participación, redes de integración
y solidaridad, y formas de influir en el poder que ostenta el binomio
Estado-mercado. Este proceso polifacético del nuevo ejercicio de
la ciudadanía es la que permitirá la construcción
de una democracia capaz de ser alternativa a la democracia demoburguesa
tradicional, que es sostenida y fortalecida desde el neoliberalismo vía
el mercado y el Estado, y por un sector de la sociedad civil. Consecuentemente
los programas impulsados desde el Estado, el mercado y de ciertos sectores
de la sociedad civil no se orientan a fortalecer la ciudadanía
o construirla, sino a constituir meros usuarios y clientes, que relegan
sus derechos a cambio de beneficios paliativos a su pobreza y exclusión,
convirtiéndolos en meros súbditos, seres humanos desarraigados
de conciencia y de compromiso social.
La construcción de la democracia en el Perú
está en relación directa con el ejercicio de la ciudadanía,
las mismas que están condicionadas por el contexto económico
político y sociocultural de la población. En estos procesos,
la educación es uno de los elementos que determina la calidad de
la ciudadanía y de relaciones democráticas, cuyas deficiencias
se estructuran desde las desigualdades económicas y desde el Estado.;
Pero que también tienen sus potencialidades y existencia real en
la base misma de la sociedad civil: Los ciudadanos y sus organizaciones.
Un acercamiento
a la realidad
Los ciudadanos del Perú, específicamente de los sectores
populares han sido históricamente utilizados políticamente.
El ejercicio de muchos de sus derechos, entre ellos el del sufragio universal,
llegaron tarde(7).
Los organismos del Estado no son hasta el momento una contribución
significativa que garanticen la vigencia de los derechos de las personas
y de cumplimiento de su función al servicio del pueblo, constituyendo
un soporte institucional débil, especialmente el poder judicial
y la policía nacional, instituciones que tienen importancia fundamental
para el cumplimiento de los deberes y la preservación de los derechos
ciudadanos.
En la actualidad, en el marco del proceso de globalización
asumiendo las características de las nuevas tendencias democráticas
que se orientan a la equidad, la vigencia de los derechos humanos, el
desarrollo integral y sostenible, es indispensable las interrelaciones
entre el sistema democrático con el desarrollo social, los derechos
humanos, las relaciones laborales y el cuidado del medio ambiente. El
nuevo periodo gubernamental, después del gobierno de Fujimori,
prosigue en la aplicación de las políticas neoliberales
y en un proceso llamado de democratización y descentralización,
que llevó en el año 2002 a la elección de gobiernos
regionales bajo lineamientos de política general, que obviaron
asuntos importantísimos como la vigencia de leyes que rigieran
este proceso, así se eligió gobernantes regionales sin la
existencia de un marco legal. Estos gobiernos asumieron su cargo en enero
del 2003 y desarrollan acciones de desarrollo y gobierno sin autonomía
y con serias limitaciones económicas.
Los municipios, en cambio, siguen siendo el órgano democrático
por excelencia, en el cual la participación de los ciudadanos es
frecuente y directa a través de diferentes mecanismos (asambleas,
juntas vecinales, comités de obras, comités de vaso de leche,
clubes de madres, etc.). En ellos se incorporó a partir del 2003
con las modificaciones de la ley municipal, la obligatoriedad de los presupuestos
participativos. A la vez se incorpora la figura del gerente municipal
para darles mayor eficacia y eficiencia, bajo la orientación del
neoliberalismo que va penetrando en todas la esferas de la vida del país.
A nivel de municipio como en los diferentes niveles de gobierno el desarrollo
de diferentes programas y proyectos están enmarcados con criterio
de participación ciudadana, lo que no necesariamente implique que
exista un ejercicio consciente y constructivo de la ciudadanía,
más aún, que esa participación sirva a la construcción
de la democracia. Puede ser incluso, en algunos casos, que este ayudando
a desactivar tanto el ejercicio de la ciudadanía como de la democracia.
En las provincias y regiones del Perú la participación democrática
de la población se circunscribe a espacios públicos organizacionales
o estatales que tienen que ver fundamentalmente con los procesos electorales:
La democracia es entendida desde esa perspectiva como meramente electoral.
El deber cívico y el ejercicio del derecho político de elegir
es la máxima expresión de participación, y aún
en estos casos es posible que el voto de calidad, consciente y voluntario
no exista. Las poblaciones más pobres así como grupos históricamente
marginados como las mujeres, campesinos obreros y jóvenes son utilizados
y/o manipulados, especialmente por candidatos con gran poder económico
o por candidatos a la reelección. Su pobreza los expone a mecanismos
de captación de votos cuestionables como democráticos y
honestos(8).
La cultura democrática y ciudadana es privilegio de grupos selectos
de la población, lo mismo sucede con el derecho de participar para
ser elegidos, siendo generalmente el poder económico que determina
la elección de las autoridades. Esta cultura democrática
se enmarca dentro de una concepción adultocéntrica y patriarcal
del poder, donde los jóvenes y mujeres quedan excluidos, a la vez
que la participación se limita a la electoral y a espacios de construcción
de obras públicas que los benefician como usuarios de un servicio.
Otro problema es la pérdida de confianza como resultado de la demagogia
y la corrupción, relacionados íntimamente al desconocimiento
de los derechos de participación y vigilancia ciudadana. En este
modelo, la democracia es un régimen vinculado al aprovechamiento
y disfrute de los bienes públicos de unos cuantos y no para el
bienestar general o el bien común. Además es común
entre los ciudadanos afirmar: “La democracia no se come” y
que el ejercicio de la “ciudadanía es un cuento más”,
haciéndose por tanto necesario responder a interrogantes como:
¿Cuáles son los elementos consustanciales a la ciudadanía
y a la democracia, sus interrelaciones e importancia en el mundo globalizado
actual? ¿Cómo construir o reconstruir ciudadanía
y democracia? ¿Cómo constituirnos en ciudadanos protagónicos?
Es un reto para cada uno de nosotros, es una responsabilidad, es un derecho
y una necesidad impostergable en los momentos actuales.
Construyendo ciudadanía
y democracia
a) Aspectos teóricos
Democracia: “En
las democracias es el pueblo soberano”(9),
dice Aristóteles. Como teoría es el ideal que orienta el
proceso de construcción política de lo que llamamos democracia;
en este sentido constituye la medida de lo que esperamos de ella, no como
conceptualización teórica, sino como práctica política.
Si bien el término “democracia” nos remonta a los griegos
como creadores de esta forma de gobierno, podemos afirmar con Alain Touraine
que es una idea nueva (Touraine, 2000: 15) en el sentido que se ha trasformado
en sus supuestos teóricos como en sus elementos y características
que lo definen como sistema de gobierno.
Siguiendo este razonamiento es preciso reafirmar que definir la
democracia es fundamental para poder acercarnos o alejarnos de ella, es
necesario hacerlo porque el juicio que emitamos o las comparaciones que
establezcamos con la realidad democrática que deseamos conocer
e interpretar “dependerá de la definición o de nuestra
idea sobre qué es la democracia, qué puede ser o qué
debe ser”(10).
Talvez parezca muy subjetivo, pero la carga ideológica siempre
asume una connotación en todo proceso científico, aún
en las denominadas “ciencias duras”. Desde esta perspectiva
el análisis intenta delimitar el concepto de manera rigurosa, a
partir de los aportes de Sartori, Touraine y Carlos Franco, pretendiendo
ofrecer un concepto aplicable al momento histórico en que vivimos:
La democracia no solo como sistema político o forma de gobierno
sino como forma de vida de los sujetos sociales.
Desde la aparición del sistema democrático en Grecia ha
experimentado cambios significativos, así mismo a tenido sus defensores
y detractores. En la Grecia Antigua no necesariamente era considerada
la mejor forma de gobierno, para Aristóteles era un sistema excluyente
y no recomendable; lo importante es que le reconoce sus características
de igualdad y libertad como fundamentos de la misma; con la aclaración
que tanto la libertad como la igualdad de los griegos sólo era
en cuanto ciudadanos, no de las consideradas clases inferiores o de los
extranjeros. Sus parámetros de ver la libertad no eran los nuestros(11).
Al decaer los modelos socialistas en la URSS y en Europa del este la “democracia
liberal” renueva sus fuerzas como sistema de gobierno. Diversos
investigadores sociales la abordan como tema de investigación y
debate en su doble realidad: La teórica y la práctica; realizando
estudios retrospectivos y prospectivos sobre el ser y deber ser de la
democracia. En este trabajo es abordado el análisis desde las reflexiones
de tres connotados personajes: Alain Touraine, Sociólogo francés,
Giovanni Sartori, politólogo italiano y, Carlos Franco, psicólogo
social peruano; cada uno de ellos con amplia experiencia en la materia.
El análisis no se limita a exponer los planteamientos y reflexiones
de los investigadores, al contrario pretende encontrar las similitudes
y diferencias de los mismos, confrontándolos con la realidad ,
poniéndolos a prueba en el contraste con los hechos, y desde la
lógica de las contradicciones con ellos y con las teorías
que pretenden desconocer en su calidad de reflexión como es el
caso de su crítica cerrada al socialismo como alternativa al capitalismo
y al hecho de pretender que la democracia en la actualidad es simple y
absolutamente “la democracia liberal”, y que sólo se
juega en el debate teórico su perfeccionamiento o mayor eficacia.
Siguiendo la dinámica de la mayoría de estudios actuales
sobre la democracia asumimos la democracia como sistema de gobierno caracterizado
por un conjunto de reglas primarias y fundamentales, que establecen quien
está autorizado a tomar las decisiones y mediante qué procedimientos;
que un régimen es más democrático cuantas más
personas participen directa o indirectamente en la toma de decisiones;
es preciso que sus elecciones sean reales y transparentes (Bobbio, 2002);
y en el cual exista respeto a los derechos fundamentales de las personas
y a la diversidad, donde las mayorías y minorías sean respetadas
en tanto tales y en tanto sujetos (Touraine, 2000).
La democracia no puede considerarse como una categoría estilizada,
como una realidad estática o un modelo inmodificable. No es posible
analizarla como un fenómeno igual en todos los tiempos y espacios,
su dinamicidad trasciende las realidades territoriales y el tiempo histórico.
Por ello, no podemos hablar de la democracia en la actualidad como hablaban
los griegos de ella, tampoco podemos esperar comportamientos idénticos
en los procesos democráticos en Europa, Estados Unidos de América
o América Latina. Cada realidad y momento histórico se nutren
de sus propias peculiaridades y elementos.
El análisis de los procesos democráticos que son materia
de reflexión por Touraine, Sartori y Carlos Franco responde fundamentalmente
a la realidad de Europa, Estados unidos y Latinoamérica de los
últimos cincuenta años del siglo XX. Si bien los autores
ubican históricamente el desarrollo de la democracia desde los
griegos contrastando su evolución, su análisis se centra
en la modernidad, en los tiempos más recientes, pero sin perder
el sentido de continuidad y discontinuidad que se necesita para entender
la democracia a cabalidad.
La época que se analiza se ve marcada por cambios profundos en
la sociedad mundial y en los Estados nación. Las transformaciones
de posguerra unidas al gran desarrollo científico tecnológico
que dieron paso a la era espacial, el desarrollo intenso de la medicina
hasta llegar a las intervenciones genéticas y la cuestionable realidad
de la manipulación genética, como el gran desarrollo de
las telecomunicaciones, los trasportes y la tecnología industrial
y militar, han constituido los logros más extraordinarios alcanzados
por la humanidad, y que es sólo el inicio de lo desconocido y lo
impredecible.
Otra de las características de la época es el desenlace
de una crisis ya anunciada que se generaliza en los setentas, y que continúa
hasta la actualidad. El fracaso de los modelos económicos del bienestar,
en el mundo, así como de los intentos abortados de sustitución
de importaciones como regla para el desarrollo en América Latina;
seguidos de las recomendaciones del Consenso de Washington y de una serie
de cumbres mundiales repetidas a lo largo y ancho del globo, para encontrar
la fórmula mágica, ya no realista de mejorar las condiciones
de vida de la humanidad frente a los problemas de siempre: Pobreza, hambre,
deuda externa y desarrollo. Todos intentos fallidos que han dejado al
contrario más deuda, más pobres y más excluidos.
A esta realidad se agrega la realineación de los países
del globo a un nuevo orden mundial en la continuidad de un proceso de
globalización imparable y excluyente (en lo económico fundamentalmente)
e incluyente con respecto a las comunicaciones y las nuevas redes culturales,
sociales y económicas surgidas como consecuencia del desarrollo
de la informática y la telefonía.
Tanto en lo político como en lo económico se pasa progresivamente
de la contradicción este – oeste, comunismo – capitalismo,
nacionalismo – dependentismo, a la formación de un eje unipolar,
elevándose Estados unidos de América como la única
gran potencia. La caída de las sociedades socialistas en la U.R:S.S.,
su consecuente desintegración y el fracaso de los países
socialistas del este de Europa fortalecieron el capitalismo y dieron paso
a lo que Touraine afirma como “el triunfo de la democracia sobre
los totalitarismos” (Touraine, 2000: 15), o Sartori “la democracia
sin enemigos, con un vencedor absoluto, la democracia liberal” (Sartori,
2003: 365), que a mi juicio es más bien la victoria del capitalismo
imperialista sobre el socialismo clásico soviético, más
no contra el socialismo, contra regímenes que degeneraron en autoritarios
y no contra el modelo alternativo que planteo Marx.
En América Latina se hizo sentir la fuerza de la influencia del
marxismo(12), el capitalismo(13)
y el dependentismo, en los procesos económicos y sociales, así
como en los modelos de interpretación de la realidad, creando una
serie de contradicciones pero que a su vez aportaron elementos de análisis
y desarrollo en el proceso de construcción de los Estados nación
latinoamericanos. Así mismo se establecen estados burocrático-
autoritarios, y en el mismo periodo se producen los procesos dictatoriales
y tránsitos hacia le democracia sucesivamente. Las izquierdas se
debilitan y pierden credibilidad como consecuencia del derrumbe del socialismo
mundial, reduciéndose a una mínima fuerza política
en la última década del siglo pasado.
La década de los noventa es el escenario central del análisis
de estos autores. Desde ella, retrospectivamente o prospectivamente, realizan
sus reflexiones y argumentaciones. En este decenio se canta la victoria
del capitalismo sobre el socialismo soviético y de Europa del este;
que a la vez recibe el impacto de una economía liberal de mercado
agresiva, con políticas de ajuste económico y una ola de
privatizaciones, especialmente en América Latina. Los Estados nación
entran en un proceso de crisis y de apertura frente a la globalización,
mientras que los teóricos comienzan a especular sobre la muerte
del Estado nación y el nacimiento de los Estados post nacionales,
a la vez se comienza ha teorizar sobre las ciudadanías post nacionales
y multiculturales. Los países pierden autonomía y el mundo
se vuelve interdependiente en todos los aspectos (político, cultural,
social y económico).
Es sin duda un periodo de cambios sin precedentes, en la cual se postula
que ante el fracaso de los modelos de desarrollo preconcebidos desde los
países industrializados, especialmente de los Estados Unidos de
América, se debe fortalecer la democracia y promover el respeto
y vigencia de los derechos humanos, así como el reconocimiento
de las potencialidades de los sujetos en el camino al progreso y la derrota
de las desigualdades. No hay desarrollo sin democracia se afirma, mientras
prosiguen las privatizaciones y el establecimiento en el mundo de bloques
y alianzas regionales que van reemplazando a las negociaciones bilaterales.
El mundo se esta reacomodando y los países de América Latina
se asimilan a este proceso. La nueva ola de democratizadora se siente
también en todos las instituciones, programas y proyectos de gobierno,
y se apertura el debate sobre el tema, se mediatiza el término
hasta llegar a vulgarizarlo, sin embargo las estructuras básicas
de los sistemas y las relaciones del Estado con el pueblo se hacen más
distantes.
Ciudadanía:
La ciudadanía podemos definirla de dos formas. La primera como
la responsabilidad política de cada ciudadano fundada en el derecho
de participar directa o indirectamente en la gestión de la sociedad,
no basada en la solidaridad de los deberes sino de los derechos; que defiende
la organización voluntaria de la vida social contra las lógicas
no políticas, a los que algunos pretenden “naturales”
del mercado o de interés nacional por antonomasia. La segunda forma
se refiere a ella como la interacción(14)
entre los ciudadanos en tanto sujetos sociales, con las entidades gubernamentales,
para el ejercicio de sus derechos, la satisfacción de sus necesidades
y desarrollo de su comunidad o país n condiciones y posiciones
de igualdad.
“La ciudadanía en su real sentido implica pertenencia, identidad
y derechos en relación a una determinada comunidad política”
(García Delgado y Luciano Nossetto, 2003), en tal sentido la ciudadanía
moderna surge en relación a las interrelaciones entre el individuo
y el Estado, resultados de los procesos de modernización y democratización
política que se consolidan en el siglo XIII con la Revolución
francesa, el capitalismo y la configuración de los estados nacionales
(Luque, 2002). La evolución de la ciudadanía considera como
punto de partida las ideas de T.H. Marshal quien la concibe como una construcción
histórica y que plantea en 1949 los conceptos de ciudadanía
civil (SVIII), la ciudadanía política (SXIX) ciudadanía
social (SXX). La idea de ciudadanía de Marshal era justamente la
de bienestar y seguridad en función a la acumulación que
han logrado tener las sociedades; así, sin los derechos sociales,
no se puede ejercer plenamente los otros derechos (civiles y políticos).
En este sentido, la teoría de Marshal se enmarcan e la prolongación
del derecho natural, que se concibe como lineal, uno de los elementos
más criticados de su tesis; que puede aún ahora algunos
sectores la conciben como gracia divina o como extensión de la
ley moral.
Otras teorías son las llamadas comunitarias, que se contraponen
en muchos de sus criterios a las teorías liberales. Los comunitarios
las diferencias culturales y étnicas, los hechos relacionados a
la migración la multinacionalidad, las diferencias de género,
reinvidicando la inclusión de las particularidades y la diversidad,
en tanto las mayorías solo pueden realizarse cuando acepten plenamente
a las minorías. Así Taylor concentra su mensaje en “el
reconocimiento de las particularidades, tradiciones culturales y en las
formas de identidad históricamente construidas” (Taylor,
1998), pretendiendo la construcción de la igualdad desde los derechos
de las minorías, a la vez que rechaza el universalismo homogenizador
de los ciudadanos. “Kimlicka, por su parte, estudia la cultura,
la identidad y los derechos colectivos, planteando la necesidad de completar
los principios tradicionales de los derechos humanos con una teoría
de los derechos de las minorías” (Kimlicka, 1996)
Las teorías liberales representadas fundamentalmente por John Rawls
construyen la categoría ciudadanía a partir de la noción
de justicia como imparcialidad y como equidad, concibiéndola como
centro del desarrollo y del cambio. Para él la ciudadanía
impune principalmente un deber moral más que legal, basado en los
valores políticos de la razón pública; a la vez resume
los postulados de las teorías liberales, que dan al interés
individual central importancia, aunque articula el concepto de justicia
con pluralismo, destacando los derechos y libertades básicas y
la igualdad de oportunidades, bases sociales del autorespeto, cuyo fin
último de la ciudadanía es el individuo.
Las teorías llamadas progresistas republicanas representadas por
Hanna Arendt y Jürgen Habermas, con planteamientos con ejes comunes
con las comunitarias, no obstante resaltan el papel fundamental de las
interrelaciones y la acción discursiva en el contexto d e lo público
para hacer efectivo la ciudadanía. Es decir, la ciudadanía
existe en cuanto acción con el otro en un espacio público
definiendo una cultura política en sus relaciones con el otro,
cuyo interés se orienta a la construcción de una sociedad
nueva y justa, para ellos lo esencial no es un espacio publico donde el
ciudadano internalice su ideal de ciudadano como sostiene Rawls, sino
que es el espacio mismo de la construcción de la ciudadanía.
Arendt concibe al espacio público como el centro de construcción
de identidades, interactúan a través de discursos y deliberan
colectivamente cobre asuntos de interés común (Arendt, 1993).
Habermas por tu parte considera a los comunitarios de paternalistas, sostiene
que las identidades se construyen intersubjetivamente y la individuación
se construye en procesos de socialización, considera a la teoría
y acción legislativa de Taylor como legalista e individualista
y plantea la participación y la comunicación como elementos
fundamentales de la libertad y de la ciudadanía (Habermas, 1998).
Esta teoría es la que nos ofrece las bases centrales para la ciudadanía
protagónica, prefiriendo el término en cuanto su etimología
nos permite identificar el protagonismo con inclusión, cooperación,
ayuda, acción y creación, características fundamentales
en un sujeto social que se conciba como sujeto social pleno. Descartamos
el uso de ciudadanía activa, por cuanto, lo activo a degenerado
en activismo, en desarrollo no comprometido ni conciente de actividades,
en pasividad activa.
Las teorías feministas, también aportan a la construcción
de la ciudadanía abordando especialmente la equidad de género
en todos los procesos sociales, públicos y privados, y abogan por
la democratización, además de lo público, de la familia.
Se central en la igualdad y la diferencia, enarbolando el concepto de
ciudadanía cultural y exigiendo la atención en las políticas
públicas de las personas considerándolas sujetos –
ciudadanos.
Además tenemos la teoría de la ciudadanía activa
iniciada por Kimlicka que resalta el papel de las responsabilidades no
solamente de los derechos, resalta la descentralización del poder
y la construcción de la ciudadanía en los espacios públicos;
las teorías socialistas y comunistas que siguen la línea
de Marx, Lenin y Mao, que centran la importancia en el valor social del
hombre en relación al bienestar de todos, son los primeros en sugerir
una ciudadanía global para liberar a los obreros del mundo de la
opresión capitalista, y no obstante revalorizar el papel de la
mujer y sus aportes a la teorización y a la ciudadanía de
las responsabilidades sociales, tienen cierta intolerancia frente a las
diferencias culturales, tendiendo a la homogenización de los ciudadanos.
Finalmente, mencionamos que las teorías extremistas de la multiculturalidad
que plantean la inclusión de los derechos diferenciados de todas
las minorías recargan al Estado de sus funciones y son muy paternalista;
por otro lado las teorías del consumo, que pretenden que la sociedad
civil asuma todas las responsabilidades que por obligación debe
hacerlas el Estado y concibe a los ciudadanos como consumidores o clientes
desarticula y destruye las identidades, enajena y automatiza a los ciudadanos
y consecuentemente elimina todo ejercicio consciente de la ciudadanía.
Definimos a la ciudadanía protagónica como aquella que se
configura en la esfera pública en un proceso de relaciones e interrelaciones
intersubjetivas a través de discursos con base en la razón
y acciones que buscan desarrollar las capacidades de los individuos en
cuanto sujetos sociales, con el fin de autorealizarse como individuos
y miembros de una comunidad con identidad, cooperar a su desarrollo asumiendo
responsabilidades que buscan el bien común, defender y vivir sus
derechos, y trabajar cooperativa y fraternalmente par el desarrollo de
la sociedad, la igualdad social, la justicia social y la inclusión
de las minorías.
Protagonismo
social organizado: El protagonismo social organizado se construye
sobre la base de las teorías de la acción social, actoría
social, del desarrollo en relación al otro y de la justicia social.
Se concibe la ciudadanía como un concepto inoperante para incluir
a todos por cuanto excluye a los que no cumplen los mínimos de
ley para asumir ser considerados ciudadanos como
los menores de 18 años y se concibe solamente dentro de los parámetros
de la legalidad, aunque está, sea ilegítima o injusta.
Dentro de este concepto incluimos la “acción política”
que se define como el deseo y acto de liberación de los individuos
y grupos dominados por la lógica del poder, que se mueve constantemente
hacia nuevas fronteras, a la vez más distantes y cercanas, puesto
que se vuelve contra las formas de autoridad y de represión que
tocan la experiencia más personal de los sujetos, generando la
movilización social necesaria en toda democracia.
El sujeto es definido como el ser que resulta de la combinación
de la actividad racional y personal con una identidad individual y colectiva
que lo convierte en actor social transformador de su medioambiente (puede
ser individuo o grupo), capaz de construirse con respecto del otro y respetando
al otro en su diversidad (Touraine, 1994) Un ser consciente capaz de asumir
que sólo puede ser individuo completo si se asume con respecto
a sí mismo y a los demás, que “solo puede afrontar
el presente y construir el futuro junto y con el otro” (Norberto
Lechner, 1998). La actoría social es un rasgo fundamental del protagonismo
social organizado, y en este caso de la ciudadanía protagónica,
que lo usamos como categoría paralela a protagonismo social organizado
y que va más allá de la ciudadanía ordinaria, legal
o activa.
b) Encuentros y desencuentros en
el proceso de construcción de la ciudadanía como medio de
construcción de la ciudadanía
Existe en el Perú, como en América
Latina, consenso sobre la necesidad de la participación de los
ciudadanos. Se considera que es imprescindible obviarlos como protagonistas
de ese desarrollo en el cual sea autorealizan y a la vez contribuyen a
la realización de los otros, sus vecinos, sus conciudadanos, sus
con-nacionales. Se concibe a la ciudadanía como fundamental para
construir la democracia y los foros gubernamentales como de la sociedad
civil hablan de lo mismo. Es una moda hablar de participación ciudadana
y democracia. Más el problema no está en el discurso, sino
en la realidad, en la vida misma, en el compromiso social de ser parte
de esa comunidad a la que pertenecemos y que nos sentimos a la vez extraños.
Es como si buscáramos un eslabón perdido para poder construir
juntos el desarrollo ansiado en un contexto democrático.
Si la ciudadanía moderna se fundamenta, de un lado, la pertenencia
a una comunidad determinada, en cuyo espacio puede participar sobre el
sentido, valores, características de ese orden social del que forma
parte. Es decir un debate sobre los fundamentos de ese orden que es lo
que lo legitima como tal (Lefort, 1987), espacio común de todos
en que el humano es realmente humano (Arent, 2003) a través del
discurso y la acción social Esa pertenencia es la base de la comunidad
y la humanidad. La otra cara de la ciudadanía está dada
por lo jurídico, es decir los derechos que ellos poseen por ser
miembros de esa comunidad (derechos civiles, políticos, sociales
y los pots-sociales o de nuevo tipo (ambientales, de los consumidores,
informáticos, etc.)
La ciudadanía se mueve entre estas dos dimensiones de múltiples
formas, no linealmente. Su aparición y evolución histórica
no es lineal ni unidireccional, por lo tanto pretender homogenizar a los
ciudadanos es un atropello del mercado y del Estado, el hacerlo deshumaniza,
enajena y automatiza. Es como fabricar robots en serie, y es precisamente
la tendencia global neoliberal y del Estado cómplice.
Entre los problemas centrales que funcionan como desencuentros fundamentales,
ya abordados al inicio, están los mecanismos que desplazan y destruyen
procesos de ciudadanía, de participación, de control ciudadano:
La globalización de la riqueza y territorialización de la
pobreza son el dios Jano negativo de la actualidad, pues nos permite estar
a los ricos soñando siempre con un futuro mejor y a los pobres
añorado un pasado menos catastrófico que el presente. Las
decisiones importantes de los Estados y de los asuntos privados del poder
económico vinculado a sus intereses propios, contrariamente, se
desterritorializan y se colocan fuera del alcance de los ciudadanos (Barman,
1999: 35). A esto se agrega la exagerada insistencia de los diversos sectores
ciudadanos de centralizar sus diferencias que no les permite articularse
entre sí, la fragmentación social consecuente y la carencia
de lineamientos ideológicos que les de unidad, o al menos, mínimos
necesarios de integración, debilita el ejercicio de la ciudadanía,
destruye las identidades y aumenta los conflictos entre los ciudadanos.
Se observa que la dificultad de organización entre los ciudadanos
y su permanente alienación los convierte, poco a poco, en una especie
de súbditos consumistas, meramente clientes de un mercado mundial
cada vez más absorbente.
La realidad es compleja y desesperanzadora. Los ciudadanos, principalmente
los jóvenes, ven la situación como injusta y más
difícil de sortear, reconociendo que los condiciona a situaciones
de competitividad desleal, acciones no éticas y a periodos de depresión.
La globalización nos enferma, pero es cautivante, afirman. Más
debemos preguntarnos ¿No existen esperanzas? ¿Es posible
crear espacios de cooperación para el desarrollo a nivel local
o nacional entre ciudadanos? ¿Sirve de algo ser consciente y ser
protagónico? ¿Hay esperanzas en la democracia? Las repuestas
nuestras, luego de observar la patética realidad peruana y conversar
con esta gente, y sobre todo después de observar la organización
y acción social de muchas personas, decimos que sí. Sí,
pero como ellos mismos dicen, es difícil, pero si no nos atrevemos
nos va peor. ¿Qué alternativas nos quedan? Afirmamos: Desarrollar
esa ciudadanía que algunos la llaman activa y protagónica.
Es ella la que debe promoverse desde el Estado y la sociedad civil. El
paternalismo y asistencialismo no son los medios adecuados, porque desarticulan
y destruyen la ciudadanía y el protagonismo social organizado(15).
Es la tendencia actual de las políticas públicas que terminan
haciendo que las personas se denigren socialmente para recibir un beneficio
social.
El priorizar de manera desequilibrada ya sea el hecho de ser agente protagónico
en su interrelación con los otros en desmedro de los derechos o
viceversa, produce un proceso de desciudadanización y las políticas
sociales como los proyectos paliativos de la sociedad civil cumplen esa
función contraria a la ciudadanía. Por otro lado se observa
que lo pérdida progresiva de derechos sociales como parte de los
programas de ajuste estructural y aumentan las desigualdades y la pobreza,
contrarias a la democracia cuya esencia es la igualdad y la participación
protagónica, lleva a cuestionarnos lo poco que hacemos por construir
una ciudadanía, a la vez que obliga a repensarla.
En las últimas tres décadas se ha observado el crecimiento
del mercado, la reducción del Estado y del mundo del trabajo, a
la vez que el poder de las transnacionales se ha hecho más fuerte,
incluso más que los Estados – nación. Estos hechos,
unidos a la desterritorialización de las decisiones, recortan espacios
de participación ciudadana y hacen más difícil la
articulación en contra sus decisiones por cuanto se toman en espacios
extranacionales. No obstante, en ese mismo espacio global es posible articularse
a las organizaciones del exterior, una vez fortalecidas las organizaciones
internas y potenciadas la ciudadanía, con el fin de ejercer su
ciudadanía, en este caso en espacios internacionales, en redes
mundiales y en plataformas de trabajo conjuntas con otras organizaciones
de otros países. Si se logra fortalecer, construir espacios de
participación donde no los hay o reconstruir otros, podremos empezar
a construir también la democracia que anhelamos. Esa democracia
participativa, protagónica, que permita igualdad de condiciones
y posiciones, favorezca el desarrollo de capacidades y el ejercicio de
las libertades (Sen, 2000). Hasta aquí dejamos el rol de los ciudadanos
desde abajo, para abordar el rol del Estado.
¿Cuál es ese rol estatal? ¿Es necesaria su acción
para construir una democracia protagónica? Los ciudadanos que participaron
en esta investigación señalan que sí, que es indispensable.
Diferentes teóricos sostienen lo mismo. El estado no puede renunciar
a nombre del ahorro y la falta de recursos inhibirse de participar. Según
Sen, es preciso atender las carencias de los individuos para que puedan
desarrollas sus capacidades y pretender alcanzar una larga vida con dignidad,
afirmando que sólo eso garantiza el ejercicio de la ciudadanía
(Sen, 2002), por consiguiente de la ciudadanía. No se puede pedir
a personas en extrema pobreza que piense en participar en acciones de
desarrollo comunitario o en política, si todo su tiempo la pasa
trabajando para poder sobrevivir. La situación de pobreza nos vuelve
indiferentes por cuanto el interés principal es la alimentación
propia y de nuestros familiares. Si el Estado continúa este proceso
de atención social, afectará enormemente los procesos de
ciudadanización y de democracia.
La desciudadanización que se ejerce desde el mercado es constatada
en el análisis de los resultados de los trabajos en grupo, así
como de la observación del quehacer diario. El mercado con la ayuda
de los medios masivos enajena y automatiza a las personas, los convierte
en meros consumidores, clientes o usuarios, de tal modo que los ciudadanos
dejan de comportarse como tales y asumen funciones solamente en cuanto
a clientes. Su indiferencia, está directamente relacionada con
las funciones de penetración del mercado en su estilo de vida y
la desconfianza del poder político, asumiendo que es poco o nada
lo que se puede hacer para cambiar el estado actual de las cosas.
Los fenómenos de despolitización que “favorece el
orden establecido, el inmovilismo, el conservadurismo” (Duverger,
1964: 15) es propio de la tendencia del estado actual y de la acción
y propaganda del mercado, constituye el mejor ejemplo de la desciudadanización
que atraviesa la sociedad peruana y latinoamericana actual. El Estado
está contribuyendo a este paradigma de ciudadanía receptiva,
con visión de cliente y apolítica.
Frente a la desatención del Estado y la agresión del mercado,
en e Perú, se desarrolla una ciudadanía protagónica
de carácter transformador e inclusivo, que asume a la democracia
desde la vida cotidiana y desde dentro de las organizaciones. Esta ciudadanía
mantiene relaciones horizontales de comunicación y acciones de
solidaridad, de autoformación y de creación de sus propios
espacios públicos en los que buscan hacer llegar a los líderes
políticos y a los gobiernos, demostrando desde la práctica
que si es posible un modelo diferente de acción social. A la vez
desde sus propios espacios generan iniciativas de ley, foros y encuentros
de formación y construcción de políticas públicas
y acciones de desarrollo local. Está realidad está ocurriendo
en Perú y en diversas partes del Latinoamérica, generando
un poder desde abajo para construir una democracia participativa, que
garantice sus derechos, facilite el ejercicio de sus libertades y responsabilidades,
y contribuya a mejorar su calidad de vida.
Existen experiencias significativas desde organizaciones de niños
y jóvenes hasta mesas de concertación, y la articulación
de la sociedad civil y el gobierno para planificar conjuntamente acciones
de desarrollo a nivel local o regional. Crememos que esta orientaciones
de la democracia es posible ser potenciadas y el Estado esta en la obligación
de promover, no solamente la participación integradora y dirigida,
sino la autónoma, voluntaria y protagónica.
Consideraciones
finales
La ciudadanía emergente, tiene diversas manifestaciones, predominando
dos de ellas, una de carácter liberal, de las responsabilidades
mayores en la sociedad civil que en el Estado, la valoración extrema
del individualismo y sin tener la representatividad de todos los ciudadanos
se anuncia como tal, aprovechando su posicionamiento ventajoso en la esfera
pública. Del otro lado, una ciudadanía protagónica,
consciente y transformadora. Esa ciudadanía lleva implícita
una ética y el firme propósito de transformar la realidad
y alcanzar el bien común.
El Estado y el mercado, en la actualidad actúan como mecanismos
de desciudadanización, construyendo una democracia liberal excluyente
bajo la dirección del capitalismo neoliberal internacional. Las
políticas públicas que realiza, si bien tiene en cuenta
a los ciudadanos participantes, los considera usuarios o beneficiarios
de los mismos, y no necesariamente desarrolla planes integrales inclusivos
que combine equilibradamente lo productivo con lo social, funcionando
solamente como paliativos temporales a los problemas de los ciudadanos.
Predomina en la sociedad una ciudadanía de consumo y en los programas
dirigidos por el Estado la visión de cliente o beneficiario, más
no de ciudadano. El estado no pone énfasis en desarrollar capacidades
sino en compensar la brecha social dejada por los programas neoliberales.
En cambio, desde la sociedad civil se desarrollan importantes mecanismos
de reflexión-acción que está reconstruyendo una forma
transformadora de ciudadanía, que permite mayores espacios democráticos
y de inclusión social, que se hace más fuerte y que a nivel
local, los gobiernos locales no pueden obviar. Asimismo los gobiernos
necesitan de la participación de los ciudadanos para tener más
éxito en su gestión debido a sus recursos escasos y a la
deslegitimación de los partidos políticos y gobernantes.
Se percibe además un fortalecimiento de la cultura democrática
entre las organizaciones, las mismas que por iniciativa propia se autoeducan
y construyen un poder ciudadano cada vez más fuerte frente al gobierno
local, sin embargo a nivel nacional persiste, como entre los setentas
y noventas, una gran fragmentación de las organizaciones que no
han logrado unirse y articularse plenamente en redes para ser una alternativa
al gobierno central. Sólamente a nivel local y regional como en
Lima metropolitana y en el centro - sur de Perú las redes han logrado
constituirse en más fuertes y con tener significativa incidencia
política y social. De otro lado, un importante porcentaje de la
población (15% al 20%), la población con menos conciencia
cívica y la más pobre, existe un alto grado de vulnerabilidad
al clientelismo político, vinculado fundamentalmente al fujimorismo.
Existe una creciente demanda ciudadana para crear espacios para la participación
en la toma decisiones en los actos de interés público y
de gobierno. No es solamente mejorar las relaciones gobierno – sociedad,
sino la exigencia de compartir el poder y cogobernar con las autoridades
locales elegidas. A nivel local, en las urbes, la demanda ciudadana ha
crecido, siendo menor en municipios rurales, con sus excepciones participativas
en algunos de ellos, en los que la participación ciudadana conciente
es un proceso creciente. De otro lado desde el 2003 con las la Nueva Ley
de Municipalidades que establece la obligatoriedad de los presupuestos
participativos y del Plan de de desarrollo estratégico concertado
se han abierto canales de participación que ha abierto el debate
y el interés de los ciudadanos, pero que no necesariamente ha generalizado
la ciudadanización protagónica de los actores participantes,
porque en muchos casos participan bajo la vigilancia del gobierno y sin
autonomía para decidir sobre los procesos de elección de
obra pública o lineamientos de política de los planes de
desarrollo concertado.
A nivel regional esta exigencia se limita a ciertas organizaciones porque
los mecanismos aún no son muy inclusivos y elitizan la participación
dada las distancias donde se toman las decisiones (capitales de región)
y a dónde los representantes ciudadanos deben viajar con sus propios
recursos a participar, lo que no es posible para la mayoría. Y
a nivel nacional, es prácticamente inexistente. No hay mecanismos
abiertos realmente para los procesos participativos más allá
de los foros para discutir la descentralización que se realizaron
en diferentes lugares, pero que a los cuales no pudieron asistir la mayoría
de ciudadanos, tanto por falta de comunicación como por indiferencia
a los procesos políticos.
Finalmente, es posible a través de la ciudadanía protagónica
construir una democracia que no sea una simple expresión de la
herencia republicana o del liberalismo, sino una democracia en el verdadero
sentido de su esencia. Que no sea un caso pendiente como dice Carlos Franco,
tampoco solo una idea abstracta por quien nadie se sacrifica, sino una
realidad concreta, vivencial y contribuya a la realización personal
y social. Esta esperanza existe entre los ciudadanos que no quieren la
vuelta del autoritarismo, el aumento de la corrupción y la falta
de eficacia y eficiencia gubernamental. Así tanto en Lima como
en provincias, desde la sociedad civil se promueve el ejercicio de una
ciudadanía democrática, crítica y transformadora
con diferentes actores: Niños, adolescentes, mujeres, obreros,
campesinos, etc. Todos estos procesos que despertaron con fuerza desde
1998 han continuado creciendo y constituyen una alternativa para la construcción
democrática desde una ciudadanía activa, dinámica,
creativa, alternativa y crítica. Es decir, protagónica.
Notas Explicativas
(1)
Fernández Tapia, Joselito. Participación ciudadana
y gobiernos locales: El caso de Tlalpan en México y San Juan de
Lurigancho en Perú en el periodo 1995 – 2000. Tesis para
obtener el grado de Maestría. FCPyS. UNAM. México. 2005.
(2)
Movimiento de Niños y Adolescentes Trabajadores Hijos de
Obreros Cristianos (MANTCHOC) entre 1994 – 1997, Instituto de Promoción
Juvenil y Social “Solidaridad y Desarrollo” (1998 –
2002), Asociación civil “Servicios Educativos Rurales”
(SER) (2000 – 2001).
(3)
Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
(4)
La toma de decisiones sobre los lineamientos generales de la política
nacional y en particular de la economía se toman en los foros,
mesas de trabajo, reuniones y diversos encuentros internacionales, en
los cuales los ciudadanos están excluidos generalmente. En el mejor
de los casos pueden participar a través de representantes en espacios
de debate mundial en los que participan las organizaciones de la sociedad
civil, en tanto que los espacios de debate sobre la política económica,
sólo lo pueden hacer vía la protesta, tal es el caso de
los altermundiatas frente a las sedes en las que se desarrollan los eventos,
como el de la OMC, BID, FMI, etc.
(5)
Organizaciones de la sociedad civil desarrollan redes de solidaridad
o de trabajo de compensación social desde sus propias iniciativas
para afrontar las consecuencias de las políticas neoliberales.
En el caso del Perú se aparecen comités de vaso de leche,
clubes de madres, comités vecinales, etc., como también
las ONGs aparecen como las hadas madrinas de programas paliativos que
se insertan en la sociedad civil. Paralelamente se desarrollan propuestas
contestatarias y críticas, que desarrollan lazos de solidaridad
y resistencia frente al nuevo orden que se va imponiendo.
(6)
Mundialización en cuanto a todos los fenómenos que
influyen en la vida mundial en la actualidad: Sociales, culturales, tecnológico,
etc., distinguiéndolo de globalización que en el presente
estudio se referirá fundamentalmente a la globalización
capitalista neoliberal. El uso es meramente por criterios didácticos.
(7)
El voto de la mujer se incorporó recién en 1956 y
el de los analfabetos en 1979.
(8)
La compra de votos, el intercambio de preferencias por bienes (alimentos,
medicamentos) o el desplazamiento de personas no residentes en la zona
a través del cambio de domicilio solventado por partidos políticos
y/o candidatos son formas comunes para ganar una elección, y sobre
las cuales no existe legalmente medios de control reales.
(9)
Aristóteles, “Política”, Espasa Calpe
S.A., Madrid, 2000, pp.121.
(10)
Touraine Alain, ¿Qué es democracia? Fondo de la Cultura
Económica. México, D. F., 2000. pp. 15.
(11)
En Grecia la libertad existía en cuanto la realización
política en bien de la ciudad, las libertades individuales no eran
consideras. Lo privado era lo inferior a lo público y lo cotidiano
no tenía valor en el contexto de relaciones con sus conciudadanos.
El hombre así concebido podría decirse que era esclavo del
Estado
(12)
Corriente filosófica – científica creada por
Carlos Marx y Federico Engels que establecen las leyes fundamentales del
desarrollo de la naturaleza, la sociedad y la economía, sobre la
revolución de las masas trabajadoras explotadas, el triunfo del
socialismo y la construcción de la sociedad comunista.
(13)
Formación económica social que sucede al feudalismo
que se sustenta en la propiedad privada de los medios de producción
y el trabajo asalariado, cuyo objetivo fundamental es la ganancia o lucro
del dueño de los medios de producción.
(14)
Las interacciones entre los ciudadanos y las entidades gubernativas
de dan en cuatro niveles: Político, social, económico y
cultural. Así se habla de participación social, política,
económica y cultural. Así Hill Kimlicka habla de una ciudadanía
multicultural. Creemos que la ciudadanía como su ejercicio es una
sola en tanto se reconoce a los sujetos sociales como parte de una comunidad
o país que los incluye y en los cuales pueden participar en la
toma de decisiones y el desarrollo en los diferentes niveles que existen
para hacerlo.
(15)
En el caso del Perú en la década de los noventa,
el asistencialismo fujimorista destruyó las buenas relaciones al
interno de las organizaciones populares, las convirtió en dependientes
y destruyo las redes de solidaridad existentes en estas organizaciones.
Genero rivalidades entre dirigentes y organizaciones, y terminó
dividiendo comunidades, a la vez que les convirtió en pasivos receptores
de beneficios, y al consecuente pérdida de dignidad personal y
conciencia social.
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