Boletín IFP
| Especial N°2 | LSJ 11 - Oaxaca |
Junio 2006
 

La lucha de las mujeres mayas kaqchikeles por la recuperación de la memoria de los desaparecidos de San Juan Comalapa, Guatemala,
por Ofelia Chirix

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Ofelia es Becaria IFP de Guatemala. Abogada, está cursando la Maestría en Género de la Universidad de Chile.

Introducción
Los estudios de las mujeres y las relaciones de género en Guatemala han sido incipientes. A nivel académico o a nivel de las instituciones del Estado existen algunas investigaciones, lo que ha aumentado el número de ensayos, proyectos de investigación y tesis. Los temas que abordan son distintos como derechos humanos, opresión, racismo, discriminación, violencia, desigualdad de género, entre otros.

La sociedad guatemalteca todavía no ha logrado recuperarse del conflicto armado, quedan muchas heridas sin sanar, y enfrenta una serie de problemas a nivel económico, político, cultural, social entre otros, que golpea a la gran mayoría de la población que es maya. Esta situación se vuelve el escenario fundamental para buscar soluciones y luchar contra la pobreza, la explotación, el racismo, la violencia, la impunidad y la exclusión.

Ante esta situación las mujeres kaqchikeles viudas, hermanas, abuelas e hijas de San Juan Comalapa, organizadas o no, han recorrido un largo camino que han enfrentado de diversas maneras el dolor, la tristeza y la pobreza. Durante mucho tiempo ellas se preguntaban “Dónde están nuestros familiares desaparecidos”, “hacia dónde los llevaron”. La búsqueda de los detenidos-desaparecidos ha sido una lucha constante de las mujeres. Ellas demandan hoy en día al Estado que informen sobre el paradero de sus seres queridos. Dentro de la comunidad había 20 mujeres que formaban parte del grupo de Conavigua y fueron ellas las que organizaron y gestionaron el proceso de exhumación, en las antiguas instalaciones del destacamento militar, reuniendo a 150 mujeres. En agosto del 2003, se iniciaron los trabajos, organizándolas en grupos que apoyaron en la alimentación de los antropólogos forenses y trabajadores voluntarios. De esta manera se originó el movimiento de mujeres por la lucha de la memoria de los desaparecidos y su participación en el proceso de exhumación.

Al encontrar las primeras fosas con restos de víctimas, muchas mujeres revivieron el periodo tan traumático que atravesaron en el momento y después del desaparecimiento de la victima. Ante esta situación la ONG SAQBE les brindó talleres de salud mental donde hacían énfasis en que ya no tenían que quedarse calladas de lo que había pasado, era darle nuevamente el derecho a la palabra. Los talleres continuaron mientras trataban de romper con el miedo dando su testimonio y mencionaban a los victimarios.

No todas las mujeres que participaron en las exhumaciones pueden culminar el duelo de más veinte años, donde se tenía la esperanza de poder encontrar a sus familiares desaparecidos y sepultarlos tal como se practica en la cultura maya. Para algunas mujeres que no han encontrado los restos expresan “me quedaré con las flores en las manos” y esperan que los hechos no queden impunes por lo que piden justicia.

Durante el conflicto armado también se desarrollaron formas de violencia específicas contra las mujeres, existieron masacres, violaciones sexuales, torturas y extorsiones haciéndoles creer que la victima estaba viva y ellas que han sido en mayor medida sobrevivientes, han tenido que enfrentar en condiciones muy precarias las consecuencias de la violencia.

Hablar de lo que ocurrió, de lo que se vivió y señalar quienes fueron los responsables sigue siendo un peligro en el país. Los primeros grupos de mujeres que se conformaron después de la violencia política fueron las mujeres viudas que estaban organizadas en el Programa de Mujeres Viudas (organizada por el gobierno) y el grupo de la Coordinadora de Mujeres Viudas de Guatemala.

En 1995 tuve acceso a los libros de defunciones para realizar un trabajo de investigación de pregrado. En el trabajo de campo supe que existió un libro donde se recibían algunas denuncias, que presentaron los familiares o las propias esposas de las víctimas en la Municipalidad. Según información de personas que han ejercido algún cargo en la municipalidad los libros existieron, posiblemente fueron quemados o llevados por los militares, como sucedió en el libro de registro de ciudadanos que extraían la fotografía de la víctima, por parte del ejército para después ir a secuestrar o asesinar. La Corporación Municipal en ese entonces afirmaba que no tenían conocimiento de dichos libros dentro el inventario, hasta que personas que iban a solicitarlos por diversas gestiones se enteraron de ello, ante la situación argumentaban que posiblemente el Juzgado de Paz de Comalapa los tenía o el Juzgado de Primera Instancia de Chimaltenango.

Se tuvo acceso a los libros de defunciones se revisó el periodo de 1976 a 1995. Se decidió a partir del 1976 porque a raíz del terremoto hombres y mujeres, estudiantes, campesinos, profesionales se organizaron en comités, cooperativas, asociaciones para exigir los derechos como grupo o como pueblos indígenas. Es hasta en 1979 que se registran varias víctimas donde aparecen las causas de la muerte por impactos de arma de fuego o por armas punzo cortantes. Pero de 1983 a 1986 no se registran las causas de la muerte, simplemente aparece por causa ignorada ya que el alcalde en ese entonces tenía vínculos con el ejército y además tenía un hijo trabajando para ellos. La consulta de dichos libros es importante porque arrojan datos de las víctimas, ya que se puede obtener los nombres de algunas de ellas y contactar con los familiares para poder entrevistarlas. Actualmente existe un buen grupo que no presentó denuncia debido al miedo y por la influencia los actores intelectuales y materiales.

Memoria y género
En la historia de los pueblos mayas han existido códices, grifos, ruinas de lo que fue la gran civilización; pero en su itinerario reciente ha tenido una historia de dolor, de tristeza, de genocidio y etnocidio, pero como señala Todorov “que no todos los recuerdos del pasado son igualmente admirables; cualquiera que alimente el espíritu de venganza o de desquite suscita, en todos los casos ciertas reservas”(1).

Las diferencias y los periodos de represión han sido distintos en los países. “El lugar de la memoria y el papel del pasado tampoco son los mismos en las diferentes esferas que componen nuestra vida social, sino que participan en configuraciones diferentes”(2) desde el género, la clase y la etnia.

Las mujeres siguen luchando por la recuperación de la memoria de los desaparecidos como las Madres de la Plaza de Mayo, CONAVIGUA, Grupo de Apoyo Mutuo, Agrupación de detenidos y Desaparecidos siguen buscando y demandando al Estado justicia, esto ha conllevado movilizaciones encabezadas por mujeres, que llevan en sus manos la fotografía de la victima. “En el caso de la memoria como una ruptura no resuelta, quien encarna el dolor del país, es también la mujer”(3). A mediados de los ochenta la mujer viuda aparece en la vida social y política de San Juan Comalapa. El grupo de mujeres organizadas ha tenido una participación elemental sobre todo en la búsqueda de los familiares que fueron desaparecidos.

La Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala CONAVIGUA surge como una necesidad de las viudas a causa de la represión política y las condiciones económicas injustas, su objetivo fundamental era la búsqueda de los desaparecidos y la lucha contra el reclutamiento militar forzoso y discriminado. A través del trabajo de las mujeres se ha podido exhumar a doscientas tres victimas aproximadamente. Los trabajos finalizaron a mediados de noviembre del 2005.

Cabe preguntarse cómo las mujeres siguen recuperando la memoria de los desaparecidos. “La recuperación del pasado es indispensable; lo cual no significa que el pasado deba regir el presente, sino que, al contrario, éste hará del pasado el uso que prefiera. Sería de una limitada crueldad recordar continuamente a alguien los sucesos más dolorosos de su vida; también existe el derecho al olvido… Lo cual no quiere decir que el individuo pueda llegar a ser completamente independiente de su pasado y disponer de éste a su antojo, con toda libertad. Tal cosa no será posible al estar la identidad actual y personal del sujeto construida, entre otras por las imágenes que éste posee afirmar a voces convincentes que una parte no desdeñable del infortunio de los negros americanos proviene no de las discriminaciones que sufren en el presente, sino de su incapacidad para superar el pasado traumático de la esclavitud y las discriminaciones de que fueron víctimas; y de la tentación subsiguiente(4). Los hechos son imborrables y son parte de nuestra identidad, “la memoria es un elemento esencial de lo que hoy se estila llamar la identidad, individual o colectiva, cuya búsqueda es una de las actividades fundamentales de los individuos y de las sociedades de hoy, en la fiebre y en la angustia”(5).

En la medida que existen diferentes interpretaciones sociales del pasado, genera disputas y conflictos permanentes de quien tiene la verdad, por un lado las víctimas a través de sus testimonios narran lo que pasó; por otro lado, los victimarios también narran su propia versión de los hechos, lo que muestra múltiples desafíos y complejidades para las ciencias sociales.

En la constitución del Estado-Nación se instala la propia noción de conmemoración como el día de las Fuerzas Armadas. “La propia existencia de prácticas conmemorativas y de escenarios de su performatividad responde a esos marcos interpretativos de época, a la vez que, en esa misma puesta en escena, los actualizan y transforman”(6). Estas ideas presuponen un grado de identidad nacional que se refleja en las estatuas, monumentos y fechas patrias se instituyen y se fortalecen dentro de las instituciones del Estado. “En una etapa posterior, cuando el Estado-Nación está mas consolidado y menos cuestionado, comienzan a pujar por manifestarse las memorias de grupos subalternos, que cuestionan y contradicen la memoria oficial”(7).

La discusión entre historia y memoria es latente, Burke señala que “la memoria refleja lo que ocurrió realmente y la historia refleja la memoria”(8). Mientras que para Nely Richard “Ni el pasado histórico ni el recuerdo que le da forma son referencias dadas, ya organizadas como tales, en espera de que la memoria se dé vuelta hacia atrás para recoger sus contenidos como si se tratara de un depósito de significaciones ya listas e igualmente disponibles para cualquier relectura”(9).

La lucha por recuperar la memoria es una manera de dignificar a las victimas, que conlleva “Una memoria disputada en diferentes espacios sociales y culturales. La memoria, por tanto, encierra como dimensión de reflexión política actual y varios desafíos concretos que se manifiestan en la vida cotidiana y que definen los ámbitos de la memoria que esta sociedad privilegiará. El primer desafío es recordar a las víctimas más que la represión política como tal”. A partir del proyecto de recuperación de la memoria histórica en Guatemala se impulsó, a través de la iglesia, la política de “reconciliación”, pero trabajo que quedó estancado a raíz del asesinato de monseñor Gerardi.

Las vivencias de las viudas
La pobreza, el conflicto armado y las prácticas que oprimen a las mujeres han agudizado su situación, esto hace que miles de mujeres estén al frente de sus hogares como única o principal proveedora de la familia. Les ha correspondido asumir las jefaturas de hogar. Según Elizabeth Jelin “Dado el sistema de género en las relaciones familiares, además de ser víctimas “directas”, las mujeres fueron básica y mayoritariamente víctimas “indirectas” y este es el rol en el que se las visualiza más a menudo: como familias de víctimas-madres-abuelas, esposas y en menor medida hermanas, hijas y novias. Al tomar como rehenes a los hombres, el sistema represivo afectó a las mujeres en su rol familiar y de parentesco, es decir, en el núcleo de sus identidades tradicionales de mujer-esposa. Desde esos lugares, y como mecanismo para poder sobrellevar sus obligaciones familiares las mujeres movilizaron otro tipo de energía, basada en su roles familiares “tradicionales” anclada en sus sentimientos, en el amor y en la ética del cuidado lógica que difiere de la política”.

Es necesario visualizar y profundizar la situación de las mujeres indígenas ya que persiste y crece más la pobreza, por lo que se hace necesario agilizar el resarcimiento a las víctimas del conflicto armado. Pero ante esta situación algunas mujeres piensan que el resarcimiento es una forma de que el gobierno les haga olvidar lo que pasó y expresan: “lo que el gobierno de no va recobrar la vida del ser querido”.

La vida de las viudas como consecuencia del secuestro o asesinato del esposo tuvieron que asumir otros roles y nuevos desafíos. La mayor parte de mujeres permanecieron en Comalapa, tuvieron el apoyo de sus familiares para seguir adelante con sus hijos. Otras familias se desplazaron para la capital, porque eran intimidadas por los victimarios. Los esfuerzos por salir adelante las motivó a integrar grupos de mujeres afectadas por la violencia, como el caso de Rosita desde varios años ella participa en la Coordinadora de Viudas de Guatemala, ella tiene dos hijos a los cuales tuvo que criarlos sola y afrontar el hostigamiento del ejército. Ella comparte esta vivencia.



El hostigamiento de los soldados era constante, no se sabía en que momento llegaban y en que condiciones. Las violaciones sexuales cometidas por soldados, comisionados militares y patrulleros civiles era una forma particular de represión política a través del cuerpo de las mujeres. Tanto las viudas como los huérfanos sufrieron los estragos del conflicto armado interno, formando parte de la población civil que fue duramente golpeada.

Los testimonios de REMHI incluyen el reporte de 149 víctimas de 92 denuncias de violación sexual, incluyéndose la violación como causa de muerte, como tortura y esclavitud sexual con la violación reiterada de la víctima. Sin embargo, también en uno de cada seis casos de masacres analizados se dieron violaciones a las mujeres como parte del modo de actuación por parte de los soldados o las PAC. Hay que tener en cuenta que la violación sexual, por los ingredientes de culpa y vergüenza que le caracterizan, es poco denunciada con respecto a otro tipo de hechos de violencia, como torturas o asesinatos.

Cuando se realizaban los secuestros los soldados casi siempre iban acompañados de una persona que señalaba a las víctimas, en la mayoría de hechos eran los comisionados militares, patrullero civil o colaborador. El ejército pedía a los comisionados militares que entregaran listas de los que supuestamente pertenecían o apoyaban a la guerrilla, porque si ellos no entregaban el listado, el oficial del ejército que estaba a cargo del destacamento militar los asesinaba. Algunos comisionados militares aprovecharon para vengarse, en otros casos por envidia y por otro lado querían vivir, por lo que mucha gente inocente fue víctima de esta estrategia contrainsurgente. En otros casos, algunas personas aprovecharon también vengarse y fueron a “dejar” nombres en el destacamento. El caso del hermano de Amalia es uno de tantos.



La familia de Amalia no contaba con la figura paterna, por lo que el hermano las apoyaba económicamente, a raíz de este hecho la mamá y los demás hermanos tuvieron que buscar otras fuentes de ingreso.

En Comalapa no se ha contabilizado cuantos huérfanos provocó el conflicto. Varios de ellos nunca conocieron al padre, nunca tuvieron la experiencia de tener un padre. Lidia fue presidenta del Programa de Viudas que fue creada en el Gobierno de Cerezo. Ella nos cuenta su caso:



La mayoría de las viudas recuerda el hecho, pero pocas recibieron atención sicológica. Los efectos más frecuentes han sido el miedo asociadas al impacto tan traumático que vivieron, así lo comparte Maruca.



La perdida de los seres queridos implico un cambio brutal en la vida de las viudas. Ellas no se visualizan como víctimas del conflicto, pero asumen en gran medida el peso, los costos y los esfuerzos por sobrevivir.

Estrategias de sobrevivencia
La perdida del esposo, produjo cambios en la vida de las mujeres, como asumir nuevos procesos que tienen significaciones masculinas y femeninas. Enfrentaron la pérdida del sustento familiar por lo que algunas mujeres buscaron fuentes de trabajo o se dedicaron a pequeños negocios, que en algunos casos ya los tenían.

Ante esta situación, la mujer viuda se ha constituido como la única garantía de suministros para la manutención de sus hijos y se ha visto limitada dentro sector laboral a trabajos no calificados, debido a su bajo nivel de preparación y educación que le permita demandar un mejor empleo y salario. “Las tareas de la domesticidad y las responsabilidades ancladas en el parentesco son actividades que muchas mujeres deben llevar a cabo solas en diversos contextos sociales, en diversas circunstancias personales (divorcios, abandonos), y están ligadas a menudo a condiciones de pobreza. La situación de las mujeres que debieron hacerse cargo de estas tareas debido al secuestro-desaparición, al encarcelamiento o a la clandestinidad de sus compañeros es intrínsicamente diferente, para ellas y para sus hijos y demás familiares”(10).

Las condiciones de desigualdad genérica desfavorables a la mujer, quedan claramente expresadas en el perfil de la mujer trabajadora. La situación de segregación laboral que sufre, limita su participación a los empleos considerados socialmente femeninos. Estos coincidentemente son los de menor remuneración, con largas jornadas de trabajo, escasa o ninguna cobertura, en cuanto a prestaciones laborales y sociales. Por tanto, existe diversidad de actividades que realizan las mujeres. Las actividades productivas se desarrollan en el marco de la economía no formal como ventas en el mercado o ventas callejeras. Y por supuesto el trabajo agrícola asalariado y no asalariado.

Conclusiones
1. Los efectos del conflicto armado, de una manera u otra, han afectado a casi todos los guatemaltecos, pero especialmente a los pueblos indígenas, que sufrieron el genocidio y el etnocidio como una política contrainsurgente del Estado.
2. Las condiciones económicas de las mujeres antes del conflicto armado eran bastante difíciles y lo siguen siendo, sobre todo para las mujeres indígenas, que son el grupo más excluido, discriminado en el país.
3. Las viudas enfrentaron la violencia de distintas maneras. Asumieron nuevos roles, lo que significó una sobrecarga y dificultades para encontrar fuentes de trabajo. Han sido el sostén económico de su familia.
4. En la actualidad, los efectos de la violencia sufrida se mantienen como el miedo, la tristeza, soledad, duelo alterado, la injusticia entre otros, lo cual es necesario apoyar psicológica y socialmente, ya que solamente las que pertenecen a alguna organización reciben esta atención, pero a la mayoría de viudas que no pertenece a una organización hay que darle prioridad.
5. La búsqueda de sus familiares desaparecidos es una necesidad sentida para darle voz a sus vivencias y recordar en voz alta a sus muertos y encontrarle algún sentido a lo sucedido.


He aquí, como muestra, algunos testimonios (1)(2):

Notas Explicativas
(1) Todorov, Tzvetan, Los abusos de la memoria, Paidos Asterisco, Buenos Aires, 2000, página 29.
(2) Ibid., página 19.
(3) Stern, Steve J., “De la memoria suelta a la memoria emblemática: hacia el recordar y el olvidar como proceso histórico (Chile, 1973-1998)”, en Memoria para un nuevo siglo. Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, Santiago, 2000, página 20.
(4) Todorov, Tzvetan, Los abusos de la memoria, Paidos Asterisco, Buenos Aires, 2000, página 25.
(5) Jacques Le Goff, El orden de la memoria, Editorial Paídos, Barcelona, 1991, pagina 181.
(6) Jelin, Elizabeth, “Las conmemoraciones: Las disputas en las fechas “infelices”, parte de la Introducción, Siglo Veintiuno Editores, España y Argentina, 2002, página 3.
(7) Lira, Elizabeth, “Reflexiones sobre memoria y olvido desde una perspectiva psico-histórica”, en Memoria para un nuevo siglo. Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, Santiago, 2000, página 75.
(8) Meter Burke, Formas de Historia Cultural, Alianza Editorial, Madrid, 2000, página 65-66.
(9 Nely Richard (Ed), Políticas y estéticas de la memoria, Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2000, página 10.
(10) Jelin, Elizabeth. El genero en las memorias. Mimeo.

Referencias Bibliográficas
Aguilera Peralta, Gabriel y Jorge Romero Imery, Dialéctica del Terror en Guatemala, Editorial Universitaria Centroamericana, San José Costa Rica, l981.
Asturias de Barrios, Linda Comalapa: El traje y su significado, Ediciones del Museo Ixchel, Guatemala, 1985.
AVANCSO, ¿Donde está el futuro? Proceso de reintegración en las comunidades de retornados. Cuaderno No. 9, Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, Guatemala, 1990.
Bastos, Santiago y Camus Manuela, Sombras de una Batalla, Los desplazados por la violencia en la ciudad de Guatemala, FLACSO, Guatemala, l994.
Bat, Olga Teresa y Tzunun, Sara Abigail, La problemática que afronta las víctimas de la violencia dentro de la organización popular. Caso Específico CONAVIGUA, aldea Patzaj, San Juan Comalapa, Chimaltenango, Tesis, Trabajo Social USAC, Guatemala, 1993.
CEH, Guatemala Memoria del silencio, Tomo II “Las Violaciones a los Derechos y los hechos de violencia”, Guatemala, 1999.
Dary, Claudia, Tradición Oral de San Juan Comalapa, DIGI, 1990.
Franco, Adriana, “Participación del programa de Asistencia a Viudas Cañas Brenda y Huérfanos (PAVYH) en el desarrollo productivo de la mujer Viuda”, Tesis de Trabajo Social, USAC, Guatemala, 1993.
Falla, Ricardo, Masacres de la Selva, Editorial Universitaria, Guatemala, 1992.
Jelin, Elizabeth, “Las conmemoraciones: Las disputas en las fechas “infelices”. Parte de la introducción, Siglo Veintiuno Editores, España y Argentina, 2002.
Jacques Le Goff, El orden de la memoria, Editorial Paidós, Barcelona, 1991.
Lira, Elizabeth, “Reflexiones sobre memoria y olvido desde una perspectiva psico-histórica”, en Memoria para un nuevo siglo. Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, Santiago, 2000.
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ODHAG, Guatemala Nunca Mas, Tomo III “El Entorno Histórico”, Guatemala, 1998.
Ovalle, José María, “San Juan Comalapa un pueblo de Abolengo”, diario La Nación, Guatemala, septiembre, 1975.
Richard, Nely (Ed), Políticas y estéticas de la memoria, Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2000.
Stern, Steve J., “De la memoria suelta a la memoria emblemática: hacia el recordar y el olvidar como proceso histórico (Chile, 1973-1998)”, en Memoria para un nuevo siglo. Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, Santiago, 2000.
Todorov, Tzvetan, Los abusos de la memoria, Paidos Asterisco, Buenos Aires, 2000.


 
 
 

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