Boletín IFP
| Especial N°2 | LSJ 11 - Oaxaca |
Junio 2006
 

Emergencía indígena, invisibilidad en las urbes y derechos radiales a comunicar. Consideraciones a partir de una experiencia de radiodifusión sobre pueblos indígenas en Santiago de Chile, por Claudia Villagrán

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Claudia es Periodista de la Universidad de Chile, Maestrante Estudios Políticos y Sociales, UNAM
Becaria IFP, Fundación Ford región andina y cono sur.

Emergencia y existencia indígena
El principal acontecimiento de fines del siglo pasado en el ámbito de los pueblos originarios, después de largos años de políticas indigenistas, fue la denominada emergencia indígena, la que hizo su irrupción de manera clara y potente a partir de los ’90 con distintos levantamientos indígenas en toda la región (Bengoa: 2000). Claramente este fenómeno es una respuesta antiindigenista a las políticas asimilatorias de los estados nacionales de la región, un levantamiento de marchas, energías y discursos que expusieron ante la opinión pública la rabia acumulada en 500 años de exclusión, discriminación y negación.

Pero esta emergencia indígena latinoamericana de los ’90 traía una segunda con apellido urbano. Como lo señala Bengoa, los indígenas también están en las ciudades, ya que ellos no han estado exentos de la urbanización de las sociedades latinoamericanas. Por el contrario, censos, estudios de diverso tipo y el creciente nacimiento de organizaciones indígenas, son evidencia viva de la presencia de mapuche, aymaras, kawésqar, no sólo en las urbes, sino que también en las grandes capitales de la región, como es el caso de Santiago de Chile.

“Hasta hace muy pocos años atrás los indígenas se escondían en las ciudades. Eran pobladores. Hoy comienzan a mostrar con orgullo creciente su condición de indígena. (…) Los indígenas en las ciudades no dejan de ser indígenas, no se esconden en el anonimato y comienzan en algunos casos a mostrar que son mayorías.” (Bengoa: 2000, págs. 60 y 61).

Esta mayoría quedó reflejada en el censo de 1992 de Chile, donde por primera vez se preguntó por la pertenencia indígena. Considerada como una gran sorpresa, resultó ser que el 78% de los mapuche –el principal pueblos indígena de Chile- vive en ciudades y un 55% de los 900 mil de ellos viven en Santiago. En el caso del pueblo aymará la cifra es similar. Un 5% vive en la precordillera y altiplano de la región de Tarapacá, mientras el 95% restante se ha concentrado en las zonas urbanas, sea de esa región (preferentemente Arica e Iquique) o en el resto del país. En Santiago residen 12 mil 308 de ellos.

Sobre este fenómeno, Bello (2004) manifiesta que la migración se ha convertido en una de las características estructurales de los pueblos indígenas de Latinoamérica, insertándose en los espacios urbanos en condiciones desventajosas. Pero, además, aclara que este fenómeno está creando cambios en las ciudades, los cuales deben ser reconocidos.

“(…) la migración indígena crea nuevas dinámicas socioculturales, y nuevas territorialidades en los espacios urbanos; esta realidad apela a la transformación de los espacios urbanos como lugares de la multiculturalidad” (Bello: 2004, pág. 59).

Así, a la ya existente exclusión de los indígenas, como los más pobres entre los pobres de nuestra América Latina, las ciudades han sido espacios de doble invisibilidad para los indígenas, espacios de supuesta inexistencia que ha sido desmentida por las cifras, pero también por sus propias acciones organizativas y por su propia emergencia. Pero, ¿Cómo hacerse visibles en esa nueva territorialidad?¿Cómo hacer que las ciudades y las capitales de la región reconozcan la multiculturalidad que en ellas existe? ¿Pueden ser la radiodifusión y el derecho a comunicar herramientas para el reconocimiento de la existencia indígena en las urbes? ¿Pueden ser las emisiones radiales una estrategia para sensibilizar a los no indígenas, para respetar al otro distinto y para aminorar la discriminación en las ciudades?

La emergencia indígena medial
En Octubre de 1992 reaparece con fuerza el tema indígena-mapuche en Chile, a propósito de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América o del inicio del genocidio indio en nuestro continente, según sea la vereda en la cual nos paremos. Cinco años más tarde, en diciembre de 1997 aparece un grupo de mapuche quemando camiones de la Forestal Arauco en las cercanías de la localidad de Lumaco, provincia de Malleco, Novena Región. A este hecho se suman otros, multiplicándose las reivindicaciones de territorios ancestrales, de demandas de respeto y de derechos, con acciones de protesta, marchas, denuncias de falta de voluntad política de las autoridades para saldar la deuda con los pueblos indígenas del país, además de acusaciones de que la ley indígena que creó la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) en 1993 no responde a lo que ellos solicitaban al inicio de los gobiernos de la Concertación (1990). Nace el conflicto indígena y con ello un nuevo apelativo para los mapuche: el de terroristas.

En este escenario los medios hacen un festín, sobretodo aquellos vinculados a los sectores de derecha o con clara tendencia a proteger los intereses económicos. Es así como en la novena región el “Austral” de Temuco titula en portada “Son terroristas”, con letras rojas y signos de exclamación, aludiendo a la quema de camiones de Lumaco(1). Luego será el mismo gobierno, a través del ministro del Interior de la época Carlos Figueroa, quien reconoce vinculaciones con grupos subversivos como el MIR-EGP (Ejército Guerrillero del Pueblo). Cabe mencionar que hasta ese momento este tipo de noticias no pasaban de ser un breve nacional en medios de comunicación con cobertura nacional. “Sin embargo, los hechos de Lumaco fueron conocidos por todo el país, manteniéndose en la agenda noticiosa de los medios de manera preponderante un par de semanas y su cobertura fue de una envergadura destacable para este tipo de noticias; lo que se hace más trascendente aún si tomamos en consideración que compartió espacio con la elección parlamentaria de diciembre de 1997” (Leiva y Villagrán 1998: 59)

Así, de diciembre de 1997 en adelante podríamos decir que la emergencia indígena medial quedó conformada por el interés de dar a conocer, con tintes policiales, la quema de material forestal, de mapuche luchando con boleadoras en pleno campo con Fuerzas Especiales de Carabineros, sin que se ofreciera una visión más amplia, profunda y documentada que permitiera comprender lo que realmente sucedía, cuáles eran las razones fundamentadas de la emergencia indígena que el país visualizaba desde el televisor. En ese momento se mostraba sólo el “pobre” empresario forestal sitiado por los “indios”, amenazando su integridad física y las crecientes ganancias de su industria; que en un país en desarrollo, que cuida sus cifras macroeconómicas, aparecían valóricamente como más atendibles que las necesidades de un grupo humano discriminado y negado. Muy poco se explicaba del origen histórico, social y cultural de lo que sucedía.

A punta de tomas, marchas y enfrentamientos con Carabineros el indígena del sur del país se hizo oír, pero habían y todavía hay preguntas pendientes. ¿Quiénes son? ¿Por qué no aceptan la ley indígena? ¿Por qué deciden “levantarse” y radicalizar el discurso? Han pasado algunos años, algo más se sabe, pero aún falta, ya que los medios de comunicación todavía abordan el tema muchas veces desde la judicialización y la criminalización, y menos desde la comprensión de sus demandas. Por eso, los propios indígenas comienzan a gestionar sus propios medios de comunicación(2).

Santiago: territorio radial… territorio indígena urbano
En el área metropolitana –región donde se asienta Santiago- existen aproximadamente 50 radioemisoras con distintas líneas editoriales. Tomando en consideración el amplio crisol de emisoras existente en Santiago y la emergencia indígena medial, con la alta población originaria que existe en la capital, cabe preguntarse ¿qué sucede con la radiodifusión metropolitana y la difusión de este tema?.

Actualmente existen sólo 2 programas radiales que difunden regularmente la temática indígena en la región, cada uno con su estilo propio. Uno es el programa “Wixage Anai” (levántate o toma conciencia en mapudungún) que produce y conduce Elías Paillán, mapuche, comunicador social y actualmente estudiante de periodismo. Este espacio nació en 1993 en Radio Nacional con el claro objetivo de ser un puente de comunicación entre los mapuche migrantes de la capital y las comunidades del sur del país. Este objetivo se lograba debido a que las ondas de Radio Nacional cubrían gran parte del territorio de Chile e incluso algunos sectores de Argentina. Posteriormente, este espacio se cambió de sintonía a una radio con cobertura metropolitana como es Radio Yungay, en julio de 1996. Aquí se produce la ampliación del espacio a un programa diario de una hora y sus objetivos toman el papel de apoyo a la causa mapuche, producto de la emergencia del tema. Finalmente desde el año 2000 a la fecha “Wixage Anai” transmite desde Radio Tierra con un equipo de 4 personas(3), el apoyo de la congregación “Verbo Divino”; además de la autogestión, algo de publicidad y la adjudicación de fondos concursables. Paralelamente a esto, el equipo de este programa formó en 1996 la organización mapuche “Jvfken Mapu”, con el fin de crear un respaldo institucional. A juicio de Elías Paillán este espacio ha demostrado la infinita necesidad de dar a conocer información mapuche con una visión propia, además de ofrecer expresión y participación desde y para los mapuche de Santiago, rescatando el mapudungún, ya que este espacio se transmite de manera bilingüe. Por otra parte, asegura que el formato radial viene a encontrarse con la rica tradición oral de su pueblo(4).

La segunda experiencia radial en torno al tema indígena en Santiago se inserta desde otra vertiente y otro punto de vista. Tal experiencia nace en octubre de 2000 como un proyecto comunicativo ideado por periodistas que percibieron el vacío comunicacional existente respecto el tema indígena, pero, además, evidenciando una mapuchización del lenguaje (sin desmerecer) y una criminalización del tema. Esta experiencia se denomina “Desde los Orígenes”.

“Desde los orígenes”: entre la necesidad de existir y el derecho a comunicar
Aprovechando el papel que tiene la radio de la Universidad de Chile, como órgano de extensión y comunicación de la casa de estudios superior más antigua del país, con un marcado perfil y preocupación por abordar, investigar y difundir los temas importantes de su sociedad, el año 2000 se presenta como un proyecto el programa piloto de “Desde los Orígenes”, el que –luego de un proceso de evaluación- comienza sus transmisiones ininterrumpidas los domingos, en horarios considerados de baja sintonía, hasta la fecha.

La argumentación para planificar esta iniciativa radial está dada por la emergencia indígena medial explicada anteriormente, por la gran variedad de oferta programática con vacíos irrefutables en el ámbito indígena, por el deber periodístico de informar sobre temas que no cuentan con gran cobertura, pero además por la necesidad de existencia medial y la falta de protagonismo expresada por los indígenas en los medios de comunicación tradicionales. Por otro lado, el decir indígena se transforma en Chile eufemísticamente como sinónimo exclusivo de mapuche; es esto lo que denominamos mapuchización del tema indígena en Chile, sin ningún otro tipo de connotación. Y, como sentenciara el comunicador mapuche César Millahueique, en marzo del 2000, existen otros pueblos por conocer, difundir y valorar, sin importar su número o grado de “extinción”.

“Respecto a la aparición de indígenas en los medios de comunicación de masas existe un patrón común: lo mapuche. Y lo mapuche se restringe a una zona geográfica en el país que es Temuco, y Temuco al campo. Con la información restringida exclusivamente a lo mapuche se excluye inmediatamente a otros siete pueblos indígenas que reclaman sobrevivencia en el territorio nacional (...) hemos llegado a enfrentarnos a un desafío: cómo emerge la primera voz desde nuestras propias especificidades culturales , desde nuestras propias vivencias y desde nuestras propias imágenes en los medios” (Millahueique 2000: 44).

Por otro lado, la reflexión indígena de poder acceder a los medios no sólo siendo entrevistados, sino que ojala creando medios de comunicación propios o empoderándose de los micrófonos para que no sean otros (historiadores, antropólogos o sociólogos) los que hablen por ellos, viene a evidenciar una amplia sed por lo que actualmente se conoce y reclama como derecho a comunicar. Ya no basta la libertad de información, ni de expresión, sino que también se debe luchar por comunicar la propia verdad, la propia experiencia de vida, los propios conceptos creados, entendidos y reflexionados por pertenecer a un pueblo con cosmovisión e identidad distintiva. (Ambrosi).

Clara y lamentablemente la verdad indígena no es asunto sobre el cual se ejerza el derecho a comunicar. Primero porque no reconsidera audible un comunero mapuche que no hable bien, que no sea locuaz. Segundo, por la homogeneidad de los medios radiales nacionales, que no sólo transmiten mensajes similares, sino que además desean vender, esa es su máxima. Tercero, porque a las instituciones no les gusta ser criticadas. Así, se ejerce una omisión y exclusión automática, sin entender que el comunero mapuche, cuando posee mala expresión es porque su lengua natal es el mapudungún, no el castellano, además de constituir éste un fiel reflejo a la pobreza y mala educación que el Estado y la sociedad lo han sometido. Recordemos que el “Índice de Desarrollo Humano en la población mapuche de la Región de la Araucania. Una aproximación a la equidad interétnica e intraétnica”, (PNUD: 2003), refleja un 0,642 de logros para los mapuche, lo que es 94 puntos más bajo que cualquier otro chileno.

Ante todas estas evidencias, nace el programa radial “Desde los Orígenes”, cuyos objetivos han sido, tal como lo dice su cortina de presentación difundir la riqueza y realidad de los pueblos indígenas de nuestro país, en una sociedad compuesta no sólo por el mestizaje europeo–mapuche, sino que también por el componente aymará, quechua, colla, rapanui, atacameño, rapanui, kawésqar y yagán.

Con el correr del tiempo el programa ha ido cambiando en la composición del equipo humano(5) y en sus secciones, pero su propósito y estructura central siempre ha sido similar. La idea fue, desde el inicio, que se informara sobre la cultura y realidad actual de un pueblo originario en específico en cada capítulo, a través de entrevistas a investigadores e indígenas, procurando dar siempre más relevancia a estos últimos.

En este espacio de una hora semanal han conformado un diálogo implícito los académicos, los integrantes de los pueblos indígenas del país y los auditores. La idea de este encuentro de individuos, que pocas o ninguna vez tienen la posibilidad de reunirse en espacios públicos tan impersonales como los de Santiago, tiene por finalidad un objetivo fundamental: concertar una conversación para conocerse y comprenderse, en pos de la valorización de la diversidad.

Es decir, creemos que son trascendentales los espacios de difusión, comunicación y encuentro para conocer a otro distinto, para entender cuáles son sus motivaciones de protesta y sus condiciones de vida y su cultura. Así, pretendimos que “Desde los Orígenes” respondiera a un vacío en los medios de comunicación sobre un tema social emergente, complicado y lleno de discriminaciones y desconfianzas recíprocas, donde el conocimiento del otro es crucial para poder comprendernos y enriquecernos como nación.

Diálogo radial entre indígenas, investigadores y auditores
El 19 de octubre de 2005 Desde los Orígenes cumplió 5 años de existencia, lo que implica no sólo tiempo de transmisión, sino que también de experiencia y encuentro con los auditores, los indígenas y expertos en el tema(6). En ese trayecto podemos testimoniar que se fueron creando distintos tipos de relaciones según sea el caso. Lo que evidencia que el proyecto ha conseguido tener audiencia, poseer credibilidad y haber creado un puente comunicacional entre las demandas indígenas y la sociedad no indígena.

Respecto a los integrantes de los pueblos originaros vemos que existe una diversidad de organizaciones y que ciertos sectores, en primera instancia, tenían ciertos prejuicios respecto a la utilidad y finalidad del programa, sobretodo sobre las intenciones del equipo realizador. Como señala Elías Paillán, hay una suerte de desconfianza, puesto que ha ocurrido en el pasado que los no indígenas han usufructuado de los indígenas o han lucrado con proyectos basados en contenidos originarios. Esa desconfianza suponemos se mantiene, para algunos sectores será más fuerte que para otros. Lo importante es que con el transcurso del tiempo han entendido que el micrófono está abierto para todos, mapuche de una u otra tendencia, así como para los otros pueblos que tienen aún menos posibilidades de visibilizar y validar su existencia y demanda a través de los medios de comunicación tradicionales.

No obstante lo anterior, luego de los primeros 18 meses comenzó a ocurrir un fenómeno que nos satisfizo enormemente, puesto que implica que en algo estuvimos aportando en el ámbito comunicativo. Ciertas organizaciones y personas indígenas no sólo nos llamaban para contarnos alguna exclusiva, alguna actividad, algún encuentro o solicitarnos ser entrevistados, sino que además han aceptado invitaciones como la realizada al poeta mapuche Elicura Chuihuailaf, en octubre del 2003, para participar del Tercer Aniversario del espacio. Este poeta de la Novena Región prefiere guardar silencio durante octubre por el genocidio cometido por los colonizadores, pero ante el público de la Sala Master de Radio Universidad de Chile (en un 90% no indígena) manifestó que él apoyaba iniciativas de personas no indígenas que tuvieran una sensibilidad especial por el tema, ya que desde su disciplina contribuían al diálogo urgente y necesario que el viene demandando desde hace algunos años entre chilenos y mapuche (Chihuailaf 1999).

Comunicadores como Janet Paillán, videasta mapuche, han valorado el espacio como una contribución al trabajo que ellos mismos realizan por la difusión de su realidad, elaborando sus propios mensajes. Otros, como Juan Carlos Tonko, periodista kawésqar, manifiestan la necesidad de que existan espacios de este tipo, que permitan abrirse a los discursos de otros indígenas. Sandra Berna, atacameña entrevistada a propósito de las conclusiones entregadas por la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, agradeció el llamado, ya que según nos dijo, nadie se acuerda de ellos, en un acto de discriminación por omisión.

Con los investigadores no siempre ha sido fácil llegar, puesto que claramente el producir un espacio radial y el hacer una investigación implican disciplinas con tiempos cronológicos distintos. Es así como en algunas ocasiones tuvimos que negociar o explicarles, no sólo la demanda de inmediatez, sino que también sobre la importancia de exponer los contenidos en no más de 10 o 20 minutos, debido al formato radial. Salvo estos pasos previos han sido varios los académicos estudiosos del tema que han colaborado con los objetivos propuestos. Independiente de los resquemores que pueden haber desde los indígenas, por sentir que los investigadores han ocupado los espacios de reflexión que ellos mismos debieran ocupar, creemos que es primordial que el saber de sus teorías o documentos no deben queden alojados en las bibliotecas como saber exclusivo de unos pocos, puesto que brindan sustancia teórica y metodológica a los argumentos indígenas, quienes también están entrando con fuerza en este ámbito, debido a que no son pocos los historiados o antropólogos, por ejemplo, que están investigando y teorizando sobre sus propias realidades e inquietudes.

Ahora bien, los 2 actores anteriores cumplen el rol de entregar mensajes, de entregar antecedentes, de explicar situaciones; en definitiva de enseñar realidades indígenas a través del micrófono. En radio esto está dirigido a un receptor que quizás es mucho más interactivo que otros receptores de otros medios de comunicación. Los auditores en radio pueden llamar, pedir hablar con el entrevistado, entre otras varias cosas. Teniendo estas consideraciones básicas enunciadas, según las listas de llamados telefónicos, las características de los auditores de “Desde los Orígenes” han estado dadas por las comunas consideradas de clase media y popular. Respecto a género y edad, generalmente han llamado mujeres y sus edades están principalmente entre los 20 y los 40 años. Entre el tipo de público por profesión u oficio encontramos desde dueñas de casa hasta médicos. No obstante, un punto que realmente nos llamó la atención es el profesor de escuelas de enseñanza básica y/o media que no pocas veces ha solicitado alguna grabación, alguna referencia bibliográfica o nos ha señalado por teléfono que graba los capítulos para utilizar parte de ellos en sus clases, para hacer sentir a sus alumnos indígenas valiosos o para que el resto conozca esta realidad. De este hecho deducimos que existe una falta de orientación en el sistema escolar para abordar tal temática, a pesar de haber recomendación de actividades en los nuevos textos de la reforma educacional en marcha en Chile.

Por otro lado existe una valoración a los mensajes transmitidos, al conocer y descubrir a aquel distinto del cual muy pocas veces se ha tenido acceso directo para una conversación. A través de los aniversarios hemos podido palpar que el acercamiento frente a frente en los encuentros, que hemos denominado “interculturales indígenas”, las personas no sólo observan pinturas, escuchan poesía o música, sino que también acceden a una pequeña entrevista en vivo y en directo, lo que les origina una sensación de cercanía, de mejor entendimiento, de verse, saludarse, sentirse y comprenderse.

Que una auditora llamara un día diciendo que tiene 64 años de edad y que le parece grandioso descubrir, a su edad, que el año nuevo no sólo se celebra el 1 de enero, sino que entre el 21 y 24 de junio (Wiñol Tripantu); que otra llame para solicitar información sobre cursos de mapudungún o que una tercera consulte sobre dónde puede averiguar si su apellido es quechua o aymara; nos ha hecho sentir que el trabajo va formando una valorización de las culturas y tradiciones indígenas.

Ante estas experiencias y testimonios, creemos que la comunicación radial alternativa o con contenidos mediáticos indígenas no sólo contribuye a ejercer el derechos a comunicar de los pueblos originarios de una ciudad o país, sino que son bien recibidos por los auditores, al comenzar a entender sus demandas y conocer que ellas se afincan en razones culturales y de discriminación.

Decimos esto, debido a que los auditores llaman maravillados al saber no sólo de ceremonias religiosas como guillatunes en Santiago, sino por ejemplo, de las actividades de mujeres mapuche, de los jóvenes que hablan de su historia mapuche sin mediaciones occidentales y eufemísticas. También ha sucedido en estos encuentros interculturales que a través de la entrega de material no sólo artístico, sino que de realidad, como la exhibición de videos documentales, los auditores se acercan y reconocen la importancia de conocer la otra parte de la historia negada, de entender el “conflicto indígena” contada desde los propios comuneros e historiadores mapuche.

Es en este aspecto donde cabe cuestionarse sobre la validez de los contenidos absolutos de los medios de comunicación sumidos en la lucha por el ranking, con remanidos discursos de que la televisión da al público lo que éste quiere, porque son masas, montones de seres inopinantes y babosos por ver espectáculos y nada más. Espacios como “Desde los Orígenes” con contenido supuestamente no escuchado demuestra que los auditores buscan mensajes novedosos y que cuando éstos son culturales llaman poderosamente la atención, pues comienzan a entender al otro, comienzan a encontrar sentido a sus propias historias de migración a una capital como Santiago, comienzan a darse cuenta que la emergencia indígena en Chile no es gratuita, sino que fruto de una historia de despojo.

Reflexiones radiales
Luego de este recorrido por la emergencia indígena, las transformaciones de la radiofonía nacional, las necesidades de expresión de los grupos indígenas, la exposición sobre las experiencias de abrir el micrófono a los representantes de los pueblos originarios y lo que sucede con los auditores, deseamos terminar este trabajo con una serie de preguntas que se nos presentan para ampliar el análisis sobre este asunto.

¿Cuál es la responsabilidad de radios como la perteneciente a la Universidad de Chile por transmitir programas distintos y mantenerlos sin rating y auspicios? ¿Cuál es el papel de los comunicadores y periodistas por enseñar en las aulas periodismo alternativo, donde se incluyan temas como el indígena? ¿Cuál es la labor de extensión que los cientistas sociales deben hacer, como una responsabilidad social y moral con quienes son sus sujetos de estudio? ¿Cuál es el apoyo que se debe dar para que los indígenas ejerzan su derecho de comunicar? ¿Cuál es el papel de distintas áreas disciplinarias por desarrollar mensajes que potencien las identidades locales? ¿Cuál es el papel multidisciplinario que se debe tomar con los pueblos indígenas para que elaboren una estrategia comunicacional que valide y socialice sus demandas? A fin de cuentas ¿Cuál es el papel que los profesionales, sea del ámbito que sea, debemos asumir para poder entender de una vez por todas las necesidades y luchas indígenas en las capitales latinoamericanas, donde el indígena si existe y es numeroso?

Notas Explicativas
(1) Apareció el 3 de diciembre de 1997. Año LXXXII n 29. 548.
(2) En octubre del 2003 nació el primer periódico mapuche de circulación masiva. “Azkintuwe” a cargo de periodistas mapuche, con experiencia en el internet a través del colectivo Lientur, pretenden dar a conocer desde el mismo mundo de la gente de la tierra sus sueños, esperanzas y luchas.
(3) No obstante, existen experiencias aisladas como algunos espacios esporádicos transmitidos en Radio Canelo de Nos de San Bernardo. También existen experiencias de celebración radial del We Xipantü (24 junio), efectuado por el colectivo de radialistas mapuche Mari Chiweu desde el año 2000.
(4) Los otros integrantes, además de Elías Paillán, son: Ramón Curivil (coordinador), José Paillal y Elizabeth Huenchual.
(5) Las comunicadoras integrantes del equipo de “Desde los Orígenes” han sido Caterina Gagero, Karín Schelegel, Jessica Araya y Claudia Villagrán, siendo esta última la encargada hasta julio de 2004. Actualmente del espacio es conducido por los estudiantes de la Universidad de Chile, ambos mapuche, Felipe Curivil y Enrique Antileo, dando continuidad al espacio desde su perspectiva indígena, es así como adoptaron un nuevo slogan, que versa: “La voz de los pueblos originarios. Ejerciendo autodeterminación en las comunicaciones. Rompiendo silencios … abriendo caminos de dignidad”.
(6) Este relato refleja lo ocurrido hasta julio de 2004, cuando tuve que dejar el espacio para hacer uso de mi beca

Bibliografía
Ambrosi, Alain. “El derecho a comunicar” En: www.choike.org/nuevo/informes/1158.html
Bengoa, José. 2000. “La emergencia Indígena en América Latina”. 2000. Ed. Fondo Cultura Económica, Santiago de Chile.
Bello, Álvaro. 2004. Etnicidad y ciudadanía en América Latina. La acción colectiva de los pueblos indígenas. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL. Naciones Unidas. Santiago, Chile.
Chihuailaf, Elicura. “Recado Confidencial a los chilenos”. 1999. Lom Ediciones.
Leiva, Denise y Villagrán, Claudia. 1998. “Lumaco y Purén. Los puntos visibles de una demanda ancestral mapuche”. Seminario de Investigación para optar al grado de licenciadas en comunicación Social. Escuela de Periodismo. Universidad de Chile.
Millahueique, César. 2000. “Contribuciones de los Medios de Comunicación al encuentro Intercultural”. En :Seminario de Comunicaciones y Cultura Indígena para el Nuevo Milenio. Marzo 2000. Ceneca, Conacin, Wacc. Ed. Programa Magíster en Comunicaciones. Universidad Diego Portales.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) e Instituto de Desarrollo Local y Regionarl (Ider) Universidad de la Frontera de Temuco. 2003. “Índice de Desarrollo Humano en la población mapuche de la Región de la Araucania. Una aproximación a la equidad interétnica e intraétnica”.


 
 
 

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